ALBORADA - SAYRI ÑAN

7.25.2011

MANCO INCA - JUEGO DE MUERTE EN VILCABAMBA




"Este fin tuvo Manco Inga Yupanqui, hijo de Huaina Capac, señor universal deste reino,
habiendo desde que salió del Cuzco, por las vejaciones y tiranías de Hernando Pizarro y los suyos, pasado infinitos trabajos y desventuras, de una parte a otra, seguido y perseguido de los españoles, de los cuales, ya vencido y ya venciendo, se escapó en millones de ocasiones, todo por conservar su
libertad, y lo que tantas veces el marqués Pizarro y sus hermanos, y otros capitanes, no pudieron
hacer con tantos soldados e indios amigos, acabó y concluyó Diego Méndez, mestizo a quien, y
sus compañeros, el Manco Inga había recogido y amparado y hecho bien en su casa, porque se
vea hasta dónde llega una traición."(Murúa)

He recorrido al Fray Martín de Murúa para entrar en un tiempo en la historia donde las grandes revoluciones dilaceraban los Andes en todas las direciones.

En esa epoca, muchas luchas se pasaban como resultado de la muerte de don Diego de Almagro. Determinados a vengar su muerte, el capitán Joan de Herrada y otros amigos suyos, se conjuraron en Ciudad de los Reyes (1), teniendo consigo al hijo de Almagro, que tenía el mismo nombre de su padre.
Entonces se conjuraron y fueron a la casa donde vivía el marqués don Francisco Pizarro, donde le mataron y también al capitán Francisco de Chaves, sacando el cuerpo del Marqués y arrastrando por la plaza. Resultó juntárseles mucha gente, toda la que había seguido a don Diego de Almagro, tomando por líder a su hijo. Venido Vaca de Castro, de la parte del Rey de España,, haciendo junta de los que eran leales al servicio de su Rey, se vio con don Diego de Almagro, el mozo, en Chupas, dos leguas de Guamanga. Diose la batalla y fue desbaratado don Diego de Almagro, y huyó al Cuzco, donde fue preso, y Vaca de Castro le hizo cortar la cabeza.
De la batalla de Chupas salieron huyendo, cuándo fue desbaratado don Diego de Almagro, el mozo, Diego Méndez, mestizo, y Barba Briceño y Escalante y otros soldados, que en total fueron trece compañeros. Se entraron huyendo por las montañas, hasta Vilcabamba, donde estaba Manco Inca, el cual los recibió muy bien. Dijéronle que se entrarían allá a servirle muchos españoles, y que con ellos tornaría a recobrar su tierra y vencería y echaría a los españoles que en ella estaban. Dijeron eso a Manco Inca, temerosos que los mandase matar y por adularle y tenerle grato. Cuanto a Manco, él les hacía muy buen tratamiento en todo, sin intención de hacerles daño, con lo cual ellos perdieron el temor.

 
"Pasados algunos días, supo Manco Ynga por las espías que tenía por el Cuzco y otras partes, cómo un curaca llamado Sitiel, mofando del Manco Ynga en presencia de muchos cristianos,
dijo a Caruarayco, cacique de Cotomarca: le vamos a prender a Manco Ynga a Vilcabamba y
Caruarayco será Ynga y Señor, y todos le obedeceremos, y Manco Ynga le servirá y traerá la
tiana, que es el asiento donde los curacas y principales se asientan." (Murúa)
 
Cuando lo supo, Manco sintió mucho y trazó cómo se vengaría de aquella insolencia que Sitiel había hecho, teniendo por gran afrenta que un su vasallo se hubiese atrevido a decir tal y dijo a Diego Méndez y a los demás que irian a prender a aquella gente y ellos dijeron que sí, y se lo ofrecieron con mucha voluntad. Según Murúa Manco Inca mudó de parecer, porque pensó que ellos estaban muy cansados de todo que les pasó y decidió mandar su gente más valiente, envió todos los capitanes que con él estaban y todos los de su gente, quedando con él sino sólo quinientos para su guarda. Les encargó que con toda la prisa posible fuesen antes que los sintiesen, y que procurasen traer vivos a Sitiel y Caruarayco. Con esto se fueron a cumplir su mandato con toda diligencia.
 
"Nadie hay que niegue cuán feo y abominable vicio sea el de la ingratitud, porque hacer bien al

que me hizo mal es obra de cristiano..."(Murúa)
 
Diego Méndez Barba y sus compañeros sólo escaparon con la vida porque fueran cogidos y amparados por Manco Inca que, en lugar de tratarlos como enemigos, de quien tantos daños había recibido, los recogió y dio de comer y beber, y los tenía en su compañía, haciéndoles todo el bien posible.

Manco Inca, después de haber despachado sus capitanes y gente, se quedó con los españoles. Con muy buen tratamiento y cortesía, en su presencia les hacía poner la mesa y allí les daba de comer y beber abundantemente, haciéndoles mucho regalo, como se estuviesen en sus casas.

"Ya los españoles parece que estaban enfadados de tanto regalo y hartos de estar allí, y quisieran volverse al Cuzco y acá fuera, y no sabían cómo hacerlo con seguridad, que no les prendiese Vaca de Castro, y trataron entre sí una grandísima traición." (Murúa)
 
Tramaron matar a Manco Inca y matándolo se saliesen huyendo, porque pensaron que por este servicio tan señalado les perdonaría Vaca de Castro y les haría mercedes, pues desta suerte quedaría pacífica la tierra. Diego Méndez decidió matarlo en habiendo ocasión, antes que la gente que había ido a prender a Sitiel y Caruarayco volviese, porque tras eso sería más dificultoso, por ser mucha la gente que estaba con Manco. Así buscaron la ocasión para ejecutar su desgraciada intención.

A Murúa (2) la tarea de decir cómo todo se pasó...

"Un día jugaron a los bolos (3) Manco Ynga y Diego Méndez, y en el juego ganó cierta plata
Diego Méndez a Manco Ynga, y luego se la pagó, y habiendo jugado un rato dijo que no quería jugar más, que estaba cansado, y mandó traer de merendar, y trajéronselo, y Manco Inga dijo a Diego Méndez y a los demás: merendemos, y ellos le dijeron que sí, y se sentaron con mucho contento, y comieron lo que habían traído allí con el Ynga, el cual andaba ya receloso de los españoles, porque les veía andar con cuidado y traer armas secretas puestas. Así le dio mala
espina no le quisiesen hacer alguna traición, pues estaba con poca compañía, y des que acabaron de merendar les dijo que se fuesen a reposar, que él quería holgarse con sus indios un rato, y ellos le dijeron que luego se irían, y entre sí los españoles empezaron a burlarse unos con otros de palabra y jugando por hacer reír a Manco Ynga, que gustaba cuando ellos se holgaban. Con esto se fueron entreteniendo un rato, hasta que Manco Ynga, habiendo bebido, se levantó a dar de beber al de su guarda porque es uso entre ellos hacer esta honra a quien quieren mucho y diole
de beber. Estando parado, que le había dado un vaso en que bebiese, volvió a tomar otro vaso,
que lo llevaba una india suya detrás dél, para beberlo Manco Ynga. En esto, Diego Méndez, que
estaba alerta para gozar del tiempo si se le ofreciese, como le vio vueltas las espaldas a ellos,
arremetió con él a gran furia y con una daga le dio una puñalada por detrás, y Manco Ynga
cayó en el suelo, y luego Diego Méndez le dio otras dos, y los indios que allí estaban todos sin armaturbados de tan no pensado caso, arremetieron a favorecer a Manco Ynga y defenderle,
no le hiriese más, y los otros españoles metieron mano a sus espadas y arremetieron también a librar a Diego Méndez, y a gran prisa se fueron corriendo a sus ranchos y ensillaron sus caballos,
y tomaron su servicio que allí consigo tenían, y su hato lo cargaron como la prisa les dio lugar, y
tomaron el camino del Cuzco, sin parar en parte alguna, y toda aquella noche caminaron sin
dormir sueño, y como era montaña, no acertaron bien el camino y anduvieron desatinando de
una parte a otra, perdidos y así se detuvieron."
 
Según Murúa, luego despacharon a los capitanes y gente de Manco Inca que habían ido a prender a Sitiel y Caruarayco, diciéndoles que Diego Méndez y los demás españoles habían dado de puñaladas al Inca y se habían ido huyendo hacia el Cuzco, y que lo dejasen todo y se volviesen a coger a los españoles antes que se escapasen. Los que fueron a decir esto se los toparon en el camino, que ya se volvían, y traían preso a Caruarayco, y Sitiel. Los capitanes y demás gente, de ciento en ciento, los más valientes y ligeros se adelantaron a gran paso y llegaron adonde estaba Manco Inca mortalmente herido, que aún no había muerto, y como vieron así a su señor, con deseo de vengarlo, dieron la vuelta por donde supieran habían ido los españoles, y otro día los alcanzaron. Se habían metido en un galpón grande que había en el camino y estaban reposando, pensando que estaban seguros y en salvo. Los españoles estaban recogidos y tenían consigo sus caballos dentro, y los hombres de Manco por no querer acometerlos luego porque con el día no se escapase ninguno, escondiéronse en el monte hasta que la noche cerró. Juntando mucha cantidad de leña fueron al galpón y lo cercaron y pusieron la leña en las puertas para que no se pudiesen salir fuera, y con paja les pegaron fuego. Al ruido se levantaron los españoles y algunos quisieron salir rompiendo por el fuego, pero lfueron alanceados, y allí, con sus caballos, fueron quemados. Entonces los hombres de Manco se volvieron a Vitcos. Murúa cuenta que cuando supo que ya quedaban todos los españoles muertos, el Inca se holgó mucho, y les dijo que no llorasen por él, porque la gente de la tierra
no se alborotase y se alzasen, y nombró por heredero a un hijo suyo, el mayor, aunque pequeño,
llamado Sayre Topa.
Y que mientras no fuese de edad para regir los gobernase Ato Supa, un capitán orejón del Cuzco que estaba allí y que era hombre de valor, de gran prudencia y animoso para la guerra. Les dijo que lo obedeciesen y que no desamparasen Vilcabamba, porque aquella tierra la había hallado y fundado con tanto trabajo y sudor, que en conquistarla habían muerto tantos dellos, defendendola con valor.
Así murió el Inca Manco Inca Yupanqui, hijo de Huaina Capac y embalsamaron su cuerpo a su usanza, sin llorar ni dar muestras de tristeza, por lo que él les había mandado, lo llevaron a Vilcabamba.
 


En las palabras de Titu Cusi Yupanqui, hijo de Manco Inca, que casi también fue muerto en ese fatidico día de traición y muerte...


"Después de haber dejado de hacerle guerra, estando quieto con la miseria que pasaba en Viticos, se vinieron a retraer siete hombres de los que se hallaron con Gonzalo Pizarro contra el servicio del Rey, y él los trató muy bien, y les hacía mucho regalo, y por codicia de esta miseria que al presente tengo, se amotinaron e hicieron conjuración, y le mataron a traición, y a mí me dieron una lanzada, y si no me echara de unos riscos abajo, también me mataran; y después tovimos paz por algunos días, donde los indios de Tambo y de Amaybamba y de Guarocondo llevaron de Viticos muchos indios, y por respeto de esto nosotros tovimos guerra con ellos."(carta-memoria del Inca Titu Cusi Yupanqui, in Matienzo)

En el testimonio del Inca Titu Cusi Yupanqui, hijo de Manco Inca, 8 de julio de 1567. (5)

"Y dijo que por los malos tratamientos que le hicieron los cristianos a su padre al tiempo que vinieron a la ciudad del Cuzco los primeros conquistadores como fueron Juan Pizarro, que prendió a su padre —que estaba entonces obedecido por señor temporal en toda la tierra— so color que se quería alzar con todos los indios del reino, y por su rescate le pidió un bohío* lleno de oro y plata; y siendo mentira, por redimir la vejación le dio muchas cargas de oro y plata, y con esto redimió la vejación. Y que luego vino Gonzalo Pizarro por corregidor y le llevó a la cárcel so color que se quería levantar otra vez, y le pidió otro bohío lleno de oro y plata y le echó una cadena en el pescuezo; y así le trajo por la ciudad del Cuzco delante de sus vasallos, mujeres e hijos, haciendo muchos vituperios, y no teniendo [Mango Inga] qué dar para redimir la vejación, Hernando Pizarro vino a la ciudad del Cuzco por corregidor y mandó soltar al dicho su padre, y después de suelto le pedía mucho oro y plata diciendo que por él había soltado; y no teniendo con qué volver a cohechar el [al] dicho Hernando Pizarro y temiéndose no le volviera a la cárcel y le molestase, hizo llamamiento a todos los capitanes y caciques del reino, y depués de haber tenido habla con ello se levantó contra el servicio de Su Majestad en la fortaleza del Cuzco, y cada uno de los caciques en sus tierras. Y así mataron muchos cristianos." (Titu Cusi Yupanqui)(6)


La narración de Titu Cusi Yupanqui acerca de todo lo que le sucedió a su padre, Manco Inca, y a él mismo, en aquellos fatídicos días en los cuales los españoles "comían oro", es la nota triste, perpetuada por las flautas, que tienden a narrar, con los sonidos de las montañas, la tragedia de los Incas - aquellos que, de tan olvidadizos, comienzan a ser considerados una leyenda. Sus palabras nos acercan a la verdad de todo que pasó, y me duele como las puñaladas en el cuerpo del Inca. No fue suficiente la destrucción, era necesario que el Sol fuese borrado.


"Y en Pucará, en un alcance que le dieron, le tomaron a una hermana y mujer de su padre la cual se llamaba Coya* Cura Ocllo, la cual la llevaron a Tambo y allí la asaetearon viva. Y por esto peleó con los españoles y mató muchos de ellos. Después se retrajo a la provincia de Vilcabamba donde al presente tiene su principal asiento el dicho Inga Titu Cusi Yupangui. Y que después, estando allí su padre retraído, vinieron seis españoles huyendo del Perú por haberse levantado con don Diego de Almagro contra el servicio de Su Majestad, y habiéndoles hecho muy buen tratamiento procuraron de le matar a traición, y así le dieron diez y ocho estocadas con espadas y tijeras y machetes y cuchillos; y al dicho Inga Titu Cusi Yupangui, siendo muchacho, le dieron una lanzada en las costillas, y si no se echara por unos riscos, también le matara. Así murió su padre de las heridas que ellos le dieron, y los capitanes mataron a los españoles por lo susodicho, y que por estos agravios se rebeló su padre contra la obediencia y dominio real de Su Majestad." (Titu Cusi Yupanqui) 

 
"Al tiempo que los cristianos entraron en esta tierra fue preso mi padre Mango Inga, so color y achaque que se quería alzar con el reino, después de la muerte de Atagualipa, sólo afin que les diese un bohío lleno de oro y plata. En la prisión le hicieron muchos malos tratamientos, así de obra como de palabra, echándole una collera al pescuezo, como a perro, y cargándole de hierro los pies, y trayéndole de la collera de una parte a otra entre sus vasallos, poniéndole a quistión cada hora, teniéndole en la prisión más de un mes, de donde por los malos tratamientos que a él, a sus hijos y gente y mujeres hacían, soltóse de la prisión y vino a Tambo, donde hizo confederación con todos los caciques y prencipales de su tierra." (7)



"...fue preso mi padre Mango Inga...
 ...echándole una collera al pescuezo, como a perro, y cargándole de hierro los pies, y trayéndole de la collera de una parte a otra entre sus vasallos, ..."



(1) Lima.
(2) Fernando Montesinos, en Anales del Peru, cuenta una otra versión de la historia...

"...en el año de 1542 cómo de la batalla de Chupas salieron huiendo ocho personas, y se entraron en los Andes. Uno dellos era Diego Méndez, ermano del Maestre de Campo Rodrigo Orgófies. Estos estubieron en compañía del Inga Mango en su retiro hasta este tiempo. Avíales mandado hager unos herrones para que jugaisen, y entreteníanse en esto y enseñar al Inga á correr un caballo y tirar un arcabuz. Como supieron que Gonzalo Pigarro iba contra el Virrey, escribieron á Antonio de Toro que alcanzase del les perdonase para salir de allí, y que á él le aiudarían en lo que se le ofreciese. Respondióles á Diego Méndez y á Gómez Pérez que matasen al Inga, y no sólo les perdonaría, pero que le volbería á Diego Méndez el repartimiento de Asángaro que antes tenía. Pedía esto el Antonio de Toro porque en los Andes tenía una chacra de coca que le daba cada mita mil pesos; eran tres las mitas y valían más de diez mil pesos al año, y con la inquietud de Mango estaba todo suspenso y no se hagía nada; y parecióle que con la muerte del Inga volbería á su ser. Tratan el caso los ocho soldados; paróleles bien el prometimiento; leyeron la carta delante de una negra de Diego Méndez; ésta avisó á un orejón con quien trataba, éste al Inga por tres veges, y no le dio crédito, pareciéndole que la ingratitud no avía de venjer al buen respecto y fiel amistad. Los castellanos, viendo que en tanto tiempo no avía esperanza de que el Inga se convirtiese, y que la ocasión de salir de aquella soledad era buena, se determinaron á matar al Inga. Armaron un juego de herrones (4) en ocasión que avía imbiado su gente á campear y sólo avían quedado con él docientos indios flecheros de los Andes...Finxieron una diferencia de quál herrón estaba más gerca; el Inga, como solía otras veces, se llegó al juego y bajó á medir los herrones; al bajarse, sacaron las dagas de los borceguíes y le dieron al gentil muchas puñaladas. Fueron luego á los caballos del muerto Inga para irse, y se escaparan, si uno dellos, llamado Barba, no se fuera á unos cantarillos de oro que tenía una india amiga del Inga; dio ésta voces viendo el trágico suceso; acudieron los indios Andes y flecharon y mataron á los ocho soldados; quitáronles las caberas; pusiéronlas junto al Inga, que aún no avia expirado; y en tres días que vivió, nombró por su eredero en el Ingazgo al hijo que pariese su mujer y ermana, Inio CoUo, y que si fuese hembra lo que pariese, nombraba por Inga á Saire Topa, su hijo." (Framentó Instórico. Capitulo 141,)


(3) Bolos hace referencia a un juego que consiste en derribar por parte de cada jugador el mayor número posible de bolos lanzando una bola o pieza, generalmente de madera.



(4) herrón - Antiguo juego que consistía en meter en un clavo hincado en el suelo unos discos de hierro con un agujero en el centro.


(5) El Inca, Titu Cusi Yupanqui, hijo de Manco Inca,  firmó en el 26 de agosto de 1566 la "capitulación de Acobamba", tratado de paz que estipuló el "vasallaje" de Titu Cusi y la instalación de un corregidor en Vilcabamba: Diego Rodríguez de Figueroa. Para aquilatar ante el Rey de España los derechos de sucesión de Titu Cusi Yupanqui y sus descendientes, Diego Rodríguez procedió, en el 8 de julio de 1567, a reunir "información" con los testimonios del Inca y de algunos de sus dignatarios y allegados.
 
(6) (CAPA INGA TITO CUXI YUPANGUI DOC. 52)

(7) (Carta-Memoria del Inca Titu Cusi Yupanqui al Lic. Matienzo, junio de 1565).

BIBLIOGRAFIA



Fray Martín de Murúa, Historia General del Peru.
Fernando Montesinos, Anales del Peru.
Juan de Matienzo, Gobierno del Peru.
Juegos infantiles tradicionales en el Perú. Emilia Romero. Folklore Americano, Lima; Perú.