ALBORADA - SAYRI ÑAN

6.19.2011

TAHUANTINSUYO - ASCENSIÓN DEL HIJO DEL SOL



                                                               (Manco Capac)


“¡Oh Inga grande y poderoso, el Sol y la luna, la tierra, los montes, los árboles, las piedras y tus padres te guarden de infortunio e hagan próspero, dichoso, y bienaventurado sobre todos cuantos nacieron! Sábete que las cosas que sucedieron a tu antecesor son éstas.” (1)


Para entender la ceremonia de investidura de poder en el Imperio Inca, es necesario contar un poco acerca de cómo este imperio nació. Lo que para la gente es leyenda o mito, para los "orejones", que contaron la historia a Pedro de Cieza, era  absoluta verdad.

De Pacaritambo, que es no muy lejos de la ciudad del Cuzco, salieron tres hombres y mujeres: Ayar Ocho, Ayar Cache y Ayar Manco; y tres mujeres ( así contaron los orejones al cronista Pedro de Cieza: sólo tres hombres y tres mujeres). Dicen que salieron vestidos de unas mantas largas y unas camisas sin collar ni mangas, de lana, riquísimas, con muchas pinturas de diferentes maneras, que ellos llaman tocabo (tocapu), que quiere decir “vestido de reyes”. Uno de ellos sacó en la mano una honda de oro y en ella puesta una piedra, las mujeres salieron vestidas tan ricamente como ellos e sacaron mucho servicio de oro. Ayar Cache habló con los otros dos hermanos suyos para dar comienzo a las cosas grandes que por ellos habían de ser hechas. Ayar Cache era tan valiente y tenía tan gran poder que con la honda que sacó, tirando golpes o lanzando piedras, derribaba los cerros y algunas veces que tiraba en alto ponían las piedras cerca de las nieves, lo cual, como por los otros dos hermanos fuese visto, les pesaba, pareciéndoles que era afrenta suya no se le igualar en aquellas cosas. Apasionados con la envidia, dulcemente le rogaron que volviese a entrar por la boca de una cueva donde ellos tenían sus tesoros a traer cierto vaso de oro que se les había olvidado. Ayar Cache, alegremente fue a hacer lo que dicho le habían, y no había bien acabado de entrar en la cueva, cuando los otros dos cargaron sobre él tantas de piedras que quedó sin más parecer. Dicen ellos que la tierra tembló en tanta manera que se hundieron muchos cerros, cayendo sobre los valles. Así cuentan los orejones sobre el origen de los Incas que quisieron que se entendiese haber remanecido de esta suerte y ser hijos del Sol.
Pues luego que Ayar Cache quedó dentro en la cueva, los otros dos hermanos suyos acordaron, con alguna gente que se les había llegado, de hacer otra población, la cual pusieron por nombre Tambo Quiro y en aquel lugar estuvieron algunos días, habiéndoles ya pesado con haber echado de sí a su hermano que por otro nombre dicen también llamarse Huanacaure.


                                            (Cerro Huanacaure)

Después de haber asentado en Tambo Quiro los dos Incas, sin se pasar muchos días, descuidados ya de más ver Ayar Cache, lo vieron venir por el aire con alas grandes de pluma pintadas. Y ellos espantados con gran temor que su vista les causó, quisieron huir; mas él les dijo para no temer, dejar aquella población y seguir hasta encontrar un valle adonde fundarían el Cuzco y que aquella sería la ciudad grande donde el templo suntuoso se edificaría y sería tan servido, honrado y frecuentado. Que siempre rogaría a Dios por ellos y que, en un cerro cerca de allí él se quedaría de la forma y manera que ellos lo haverían de ver y sería para siempre para ellos y sus descendientes santificado y adorado y sería llamado Huanacauri.
Y en pago de las buenas obras que de él recibisen, ellos deberían para siempre adorarlo por dios y allí hacer altares donde serían hechos los sacrificios. Haciendo esto, serían en las guerras por él ayudados, y la señal que de allí adelante terían para ser estimados, honrados y temidos, sería horadar las orejas de la manera que veían el él. Y así les pareció verlo con sus orejeras de oro, el redondo del cual era de un jeme.

Y se fueron al cerro que llaman de Huanacaure, al cual desde entonces tuvieron por sagrado. Y en lo más alto de él volvieron a verlo. Él les tornó hablar, diciéndoles que convenía que tomasen la borla o corona del imperio los que habían de ser soberanos señores y que se supiese cómo el tal acto se ha de hacer para los mancebos ser armados caballeros y ser tenidos por nobles. Los hermanos respondieron lo que ya habían dicho, que en todo su mandado se cumpliría; y en señal de obediencia, juntas las manos y las cabezas inclinadas, le hicieron la “mocha” o reverencia.

Después que él les dijo la manera que habían de tener para ser armados caballeros, dijo a su hermano Ayar Manco que se fuese con las dos mujeres al valle que dicho le había, a donde luego fundase el Cuzco, sin olvidar de le venir a hacer sacrificios a aquel lugar como primero rogado le había; y que como esto hubiese dicho, así él como el otro hermano se convertieron en dos figuras de piedras, que demostraban tener talles de hombres, lo cual visto por Ayar Manco, tomando sus mujeres, vino adonde ahora es el Cuzco a fundar la ciudad.

                                                            (Mama Oclo)


Así que, en una otra viaje más atrás en el tiempo, vamos a asistir a la investidura de la borla del Inca ...


En este día él que había de ser Inca se vestía de una camisola negra sin collar (como por primera vez Ayar Cache se vestió), con pinturas coloradas. En la cabeza, una trenza leonada, con la cual se daban ciertas vueltas. Cubierto con una manta larga leonada, ha de salir de su aposento e ir al campo a coger un haz de pajay, tardando todo el día en traerlo, sin comer ni beber porque él tiene de ayunar.

Mientras tanto, su madre y sus hermanas han de quedar hilando con tanta priesa que en aquel propio día se han de hilar e tejer cuatro vestidos para la cerimonia y han de ayunar sin comer ni beber las que en este trabajo estuvieren ocupadas. El uno de estos vestidos es una camiseta leonada con la manta blanca y el otro, colorado con lista blanca, el tercero, una manta con la camiseta, todo blanco, y el ultimo, azul con flocaduras (2) y cordones. Estos vestidos se ha de poner el que ha de ser Inca y ha de haber ayunado el tiempo establecido que es un mes.

Este ayuno, que llaman zazi, se hace en un aposento del palacio real sin ver lumbre ni tener relaciones con mujeres; en estos días del ayuno las señoras de su linaje han de tener gran cuidado en hacer con sus propias manos mucha cantidad de chicha, bebida hecha de maíz y deben estar ricamente vestidas.

Después de haber pasado el tiempo del ayuno, sale el futuro Inca llevando en sus manos una alabarda (3) de plata y de oro y va a casa de algún pariente anciano adonde le han de ser tresquilados los cabellos; e vestido con una de aquellas ropas, salen del Cuzco que es donde se hace esta fiesta y van al cerro de Huanacaure.

Hechas algunas ceremonias y sacrificios allí, vuelven a donde está aparejada la chicha para beberla. Entonces sale el futuro Inca a un cerro nombrado Anaguar y desde el principio de él va corriendo para que vean cómo es ligero y como será valiente en la guerra. Luego abaja de él trayendo un copo de lana atado a una alabarda (3) en señal que al pelear con sus enemigos ha de procurar de traer los cabellos y cabezas de ellos.

Al volver al mismo cerro de Huanacaure para coger paja, el que había de ser Inca tiene un manojo grande de ella de oro, muy delgada y pareja, y con ella va a otro cerro llamado Yaguira adonde veste otra de las ropas ya dichas. En la cabeza, pone unas trenzas o llauto, que llaman pillaca, que es como corona, debajo del cual colgan unas orejeras de oro y encima se pone un bonete de pluma casi como diadema que ellos llaman paucarchuco y en la alabarda atan una cinta de oro larga que llega hasta el suelo, y en los pechos lleva puesta una luna de oro.


La cerimonia también serve para la investidura de los jóvenes orejones. De esta suerte, en presencia de todos los que allí se hallan, matan una oveja cuya sangre y carne reparten entre todos los más principales para que cruda la coman, el que significa que si no son valientes, sus enemigos comerán sus carnes de la suerte que ellos habían comido la de la oveja que se mató. Allí hacen juramento solemne a su usanza por el Sol de sustentar la orden y por la defensa del Cuzco morir si necesario; y luego les abren las orejas poniéndoselas tan grandes que tiene un jeme cada una de ellas en redondo.


Y hecho esto, ponense unas cabezas de leones fieros y vuelven con gran estruendo a la plaza del Cuzco en donde esta una gran maroma de oro que la cerca toda, sosteniéndose en horcones de plata y de oro. En el comedio de esta plaza bailan y hacen grandísimas fiestas. Los que han de ser caballeros, están cubiertos con las cabezas de leones, para dar a entender que serán valientes y fieros como lo son aquellos animales. Dado fin a estos bailes, quedan armados caballeros, son llamados orejones, tienen sus privilegios y gozan de grandes libertades. Son dignos, si los eligen, de tomar la corona, que es la borla. El momento mayor de la fiesta es cuando la borla es dada al señor que ha de ser Inca, se junta gran número de gente, pero él, que ha de ser emperador, ha primero de tomar a su hermana por mujer, porque el estado real no suceda en linaje bajo - y hace el zazi grande, que es el ayuno.


Y mientras estas cosas suceden, porque estando el señor ocupado en los sacrificios e ayunos no sale a entender en los negocios privados y de gobernación, es ley entre los Incas que cuando alguno fallece y se da a otro la corona o borla, que pueda señalar uno de los principales varones del pueblo, que tenga maduro consejo y gran autoridad para que goberne todo el imperio de los Incas como el mismo señor durante aquellos días: a este tal le es permitido tener guarda y hablase con reverencia.


Hecho todo esto y recibidas las bendiciones en el templo de Coricancha, recibe la borla, que es grande e sale del llauto que tiene en la cabeza cobriéndole hasta caer encima de los ojos, y éste es tenido y reverenciado por soberano señor. Y a las fiestas se hallan los prencipales señores que hay en más de cuatro leguas y parece en el Cuzco grandísima riqueza de oro e plata y pedrería y plumaje cercándolo todo la gran maroma de oro y la admirable figura del Sol, que es todo de tanta grandeza que pesa- a lo que afirman por cierto los incas – más de cuatro mil quintales de oro (4); y si no se da la borla en el Cuzco, se tiene al que se llama Inca por cosa de burla sin tener su señorío por cierto ni firme (así Atahualpa no es contado por rey aunque, como fue de tan gran valor, fue obedecido de muchas naciones).


Después de tomada la borla del reino, el Inca se casa con su hermana, la Coya, que es nombre de reina; a él es permitido tener muchas mujeres, salvo que entre todas, sola la Coya es la legítima y la más principal.




Pero esa es otra historia ...



*Narrado por Garcilaso, este mito es diferente. 
(1) Fue costumbre y ley muy usada de escoger cada uno en tiempo de su reinado tres o cuatro hombres ancianos de los de su nación, muy hábiles y suficientes, y les mandaban que todas las cosas que sucediesen en las provincias durante el tiempo de su reinado, ora fuesen prósperas, ora fuesen adversas, las tuviesen en la memoria y de ellas hiciesen y ordenasen cantares para que por aquel sonido se pudiese entender en lo futuro haber así pasado, con tanto que estos cantares no pudiesen ser publicados ni dichos fuera de la presencia del señor. Y eran obligados estos que habían de tener esta razón durante la vida del rey no tratar ni decir cosa alguna de lo que a él tocaba y luego que era muerto al sucesor en el imperio le decían por estas palabras.
Y luego, en diciendo esto, los ojos puestos en el suelo, e bajada las manos, con gran humildad les daban cuenta y razón al nuevo Inca de todo lo que ellos sabían.


(2) flocadura - de "flueco"  f. Guarnición hecha de flecos.
Diccionario Enciclopédica Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
(3)Alabarda

s.f. Arma composta de uma haste rematada por um ferro pontiagudo, tendo de outro lado uma lâmina cortante.
(4) quintal métrico (q) - 1 q = 100 000 g

CERRO DE HUANACAURE

El cerro Huanacaure, ubicado a escasos kilómetros al sur de la Ciudad Imperial, guardaba dos ciudadelas preíncas halladas recientemente por investigadores del proyecto Cápac Ñan del Instituto Nacional de Cultura (INC) del Cusco.
La primera, denominada Matagua, se encuentra en la zona norte del cerro, a nueve kilómetros de la ciudad y la otra, Quirirmanta, se ubica en las laderas del sur de la montaña y a 15 kilómetros del Cusco. Ambas tendrían una extensión de 3 kilómetros y habrían sido edificadas en el período intermedio tardío. Estas construcciones corroborarían las crónicas sobre las primeras ocupaciones incas. Ambos complejos estarían asociados al camino inca del Collasuyo y a la ruta mítica que habría seguido Manco Cápac o Ayar Manco.
Según las leyendas que explican el inicio del Tahuantinsuyo, Manco Cápac y su esposa Mama Ocllo salieron para fundar un imperio donde se hundiera una barreta de oro que llevaban. Esta se hundió en el Cuzco.

BIBLIOGRAFIA:


Pedro de Cieza de Léon, Crónica del Peru, El señorio de los Incas, Parte II