ALBORADA - SAYRI ÑAN

6.30.2011

INTIP CHURIN - HIJOS DEL SOL- EL TRIGO Y LA PAJA


                                                       (Tupac Amaru I)


"Preciarse de ser hijos del Sol era lo que más los obligaba a ser buenos, por aventajarse a los demás, así en la bondad como en la sangre, para que creyesen los indios que lo uno y lo otro les venía de herencia. Y así lo creyeron, y con tanta certidumbre, según la opinión de ellos, que cuando algún español hablaba loando alguna cosa de las que los Reyes o algún pariente de ellos hubiese hecho, respondían los indios: "no te espantes, que eran Incas"; y si por el contrario vituperaba alguna cosa mal hecha, decían: "no creas que Inca alguno hizo tal, y si la hizo, no era Inca, sino algún bastardo echadizo",..." (Garcilaso de la Vega)


Al establecer cualquiera ley o sacrificio, así en lo sagrado como en lo profano de su gobierno, lo atribuíban al primer Inca Manco Cápac, diciendo que él las había ordenado todas, unas que había dejado hechas y puestas en uso y otras en dibujo, para que sus descendientes las perfeccionasen a sus tiempos. Porque él era hijo del Sol, venido del cielo para gobernar y dar leyes a todos, leyes para el beneficio común de los hombres y también los sacrificios que le habían de ofrecer en sus templos.
"Entre sí unos con otros decían que el Inca, no contento de haberlos sacado de fieras y trocádolos en hombres, ni satisfecho de los muchos beneficios que les había hecho en enseñarles las cosas necesarias para la vida humana y las leyes naturales para la vida moral y el conocimiento de su Dios el Sol, que bastaba para que fueran esclavos perpetuos, se había humanado a darles sus insignias reales, y últimamente, en lugar de imponerles pechos y tributos, les había comunicado la majestad de su nombre, tal y tan alto que entre ellos era tenido por sagrado y divino, que nadie osaba tomarlo en la boca sino con grandísima veneración, solamente para nombrar al Rey; y que ahora, por darles ser y calidad, lo hubiese hecho tan común que pudiesen todos ellos llamárselo a boca llena, hechos hijos adoptivos, contentándose ellos conser vasallos ordinarios del hijo del Sol."(Garcilaso)

Todas las veces que el Inca (y sus descendientes) sentía morirse decia que volvería "al cielo a descansar con su padre el Sol". Así que, Manco Capac, el primero Inca dijo a todos los Incas de privilégio que habiéndoles de dejar, a ir descansar con su padre el Sol, quería dejarles el colmo de sus favores, el apellido de su nombre real, "para que ellos y sus descendientes viviesen honrados y estimados de todo el mundo. Así, para que viesen el amor que como a hijos les tenía, mandó que ellos y sus descendientes para siempre se llamasen Incas, sin alguna distinción ni diferencia de unos a otros, como habían sido los demás favores y mercedes pasadas, sino que llanamente y generalmente gozasen todos de la alteza de este nombre." (Garcilaso)
Eses primeros vasallos que tuvo Manco Capac, él los amaba como a hijos y les dió sus insignias y nombre real y les llamó hijos, porque esperaba de ellos y de sus descendientes que como tales hijos servirían a su Inca presente y a los que de él sucediesen en las conquistas de los demás indios para aumento de su Imperio, todo lo cual les debían guardar en el corazón y en la memoria, como leales vasallos. Sólo que no quería que sus mujeres e hijas se llamasen Pallas, como las de la sangre real, porque no siendo las mujeres como los hombres capaces de las armas para servir en la guerra, tampoco lo eran de aquel nombre y apellido real.


Estos son los llamados Incas de privilegio.

Cómo reporta Garcilaso, la casi total extinción de los reales Incas e de esos Incas de privilegio en su epoca:


"De estos Incas, hechos por privilegio, son los que hay ahora en el Perú que se llaman Incas, y sus mujeres se llaman Pallas y Coyas, por gozar del barato que a ellos y a las otras naciones en esto y en otras muchas cosas semejantes les han hecho los españoles.

Que de los Incas de la sangre real hay pocos, y por su pobreza y necesidad no conocidos sino cuál y cuál, porque la tiranía y crueldad de Atahuallpa los destruyó. Y los pocos que de ella escaparon, a lo menos los más principales y notorios, acabaron en otras calamidades como adelante diremos en sus lugares." (Garcilaso)

De las insignias que los Incas usaban en la cabeza, el Inca Manco Cápac traía reservó una para sí y para los Incas (los reyes) sus descendientes: una borla colorada, a manera de rapacejo (1), que se tendía por la frente de una sien a otra. La del príncipe heredero era amarilla y menor que la del padre. (2)
 
AL SEPARAR EL TRIGO DE LA PAJA...
 
Considerando la grandeza de las mercedes y el amor con que el Inca se las había hecho, esos Incas de privilegio buscaron títulos que igualasen con la alteza de su ánimo y significasen también sus virtudes. Así, entre otros que le inventaron, el uno fue Cápac, que quiere decir rico, no de hacienda, que, como dicen, este Príncipe tenía riqueza de ánimo, de mansedumbre, piedad, clemencia, liberalidad, justicia, magnanimidad, deseo y obras para hacer bien a los pobres. Así dignamente le llamaron Cápac - a decir también rico y poderoso en armas; el otro nombre fue Huacchacúyac, amador y bienhechor de pobres, para que significase los beneficios que a los suyos había hecho.
Desde entonces se llamó este príncipe Manco Cápac, habiéndose llamado hasta allí Manco Inca.
 
Como aseguró Garcilaso, Manco es nombre propio, pero "no sabemos qué signifique en la lengua general del Perú, aunque en la particular que los Incas tenían para hablar unos con otros (la cual me escriben del Perú se ha perdido ya totalmente) debía de tener alguna significación,..."
 
El nombre Inca, para el Príncipe, significa Señor, Rey o Emperador, en los demás significa señor, y en toda su significación, significa hombre de sangre real, porque a los curacas, por grandes señores que fuesen, no les llamaban Incas.
 
Para distinguir al Rey de los demás Incas, le llaman Zapa Inca, que quiere decir Solo Señor. También llamaban a este su primer Rey y a sus descendientes Intip churin, que quiere decir hijo del Sol, pero este nombre no se lo daban por imposición, pero porque lo creían.
 
El Inca Manco Cápac murió y dejó por príncipe heredero a Sinchi Roca, su hijo primogénito y de la Coya Mama Ocllo Huaco, su mujer y hermana. Demás del príncipe dejó otros hijos e hijas, los cuales casaron entre sí unas con otros, por guardar limpia la sangre que descendía del Sol, porque debería permanecer en verdad limpia, sin mezcla de otra sangre, porque la tuvieron por divina y toda la demás por humana, aunque fuese de grandes señores de vasallos, que llaman curacas.
El Inca Sinchi Roca casó con Mama Ocllo (o Mama Cora) su hermana mayor, por imitar el ejemplo del padre y el de los abuelos Sol y Luna, porque creían que la Luna era hermana y mujer del Sol. Hicieron este casamiento por conservar la sangre limpia y porque al hijo heredero le perteneciese el reino tanto por su madre como por su padre. Los demás hermanos legítimos y no legítimos también casaron unos con otros, por conservar y aumentar la sucesión de los Incas. Pero el casar de estos hermanos unos con otros que lo había ordenado el Sol y que el Inca Manco Cápac lo había mandado fue porque no tenían sus hijos con quién casar, para que la sangre se conservase limpia, después no pudo nadie casar con la hermana, sino sólo el Inca heredero, lo cual guardaron ellos en el proceso de la historia.
 
Al Inca Manco Cápac lloraron sus vasallos con mucho sentimiento y el llanto y las obsequias duraron muchos meses; embalsamaron su cuerpo para tenerlo consigo y no perderlo de vista; adoráronle por Dios, hijo del Sol; ofreciéronle muchos sacrificios.

Cierto es que los Incas  hicieron las leyes y ordenanzas sacando unas de nuevo y reformando otras  antiguas, según que los tiempos y las necesidades las pedían. Lo que es importante definir es que aún que uno o otro de sus Incas, se ha señalado como gran legislador, dando muchas leyes de nuevo y enmendando y ampliando todas las que halló hechas, y que ha ordenado muchos ritos y ceremonias en sus sacrificios, transformando muchos templos con grandes riquezas, y que ha ganado muchos reinos y provincias, eso se lo atribuyeron todo al primer Inca, así las leyes como al principio de su Imperio.

Pedro de Cieza de León, en la primera parte de la Crónica del Perú, escribió en cada provincia la relación que le daban de las costumbres de ella, bárbaras o políticas, diciendo lo que cada nación tenía antes que los Incas la sujetaran y lo que tuvieron después que ellos imperaron. Tardó nueve años en recoger y escribir las relaciones que le dieron (1541-1550):

"Porque en esta primera parte tengo muchas veces de tratar de los Incas y dar noticia de muchos aposentos suyos y otras cosas memorables, me pareció cosa justa decir algo de ellos en este lugar, para que los lectores sepan lo que estos señores fueron y no ignoren su valor....

...había antiguamente gran desorden en todas las provincias de este reino que nosotros llamamos Perú, y que los naturales eran de tan poca razón y entendimiento que es de no creer, porque dicen que eran muy bestiales y que muchos comían carne humana,...
...salían a darse guerra unos a otros y se mataban y cautivaban todos los más que podían...
Estando de esta suerte todas las provincias del Perú, se levantaron dos hermanos, que el uno de ellos había por nombre Manco Cápac,....Este Manco Cápac fundó la ciudad del Cozco y estableció leyes a su usanza, y él y sus descendientes se llamaron Ingas, cuyo nombre quiere decir o significar Reyes o grandes señores. Pudieron tanto que conquistaron y señorearon desde el Pasto hasta Chile. Y sus banderas vieron por la parte del sur al río de Maule y por la del norte al río Angasmayo, y estos ríos fueron términos de su Imperio, que fue tan grande que hay de una parte a otra más de mil y trescientas leguas. Y edificaron grandes fortalezas y aposentos fuertes, y en todas las provincias tenían puestos capitanes y gobernadores. Hicieron tan grandes cosas y tuvieron tan buena gobernación, que pocos en el mundo les hicieron ventaja. Eran muy vivos de ingenio y tenían gran cuenta sin letras, porque éstas no se han hallado en estas partes de las Indias.
Pusieron en buenas costumbres a todos sus súbditos y diéronles orden para que vistiesen y trajesen ojotas en lugar de zapatos, que son como albarcas. Tenían gran cuenta con la inmortalidad del ánima y con otros secretos de naturaleza. Creían que había hacedor de las cosas, y al Sol tenían por Dios soberano, al cual hicieron grandes templos." (Cieza de Léon) 

PERO HABLAREMOS DE LAS LEYES EN OTRO CAPÍTULO DE ESA HISTÓRIA...
Los sacerdotes de la casa del Sol, en el Cozco, todos eran Incas de la sangre real, pero para el demás servicio del templo eran Incas de los del privilegio. (1) El Sumo Sacerdote, o Sacerdote Principal, había de ser tío o hermano del Inca, y por lo menos de los legítimos en sangre, para que los sacrificios y ceremonias se conformasen con las del templo metropolitano - en todos los oficios preeminentes de paz o de guerra ponían Incas por superiores.
Dejo a Cieza de Léon las ultimas palabras, venidas desde el pasado, tratando de hacer del futuro una esperanza...

"...ganaron tanto la gracia de todos que fueron de ellos amados en extremo grado, tanto que yo me acuerdo haber visto por mis ojos a indios viejos, estando a vista del Cuzco, mirar contra la ciudad y alzar un alarido grande, el cual se les convertía en lágrimas salidas de tristezas contemplando el tiempo presente y acordándose del pasado, donde en aquella ciudad por tantos años tuvieron señores de sus naturales, que supieron atraerlos a su servicio y amistad de otra manera que los españoles." (Cieza de Léon)


"Pero dejamos lo que se ha hecho a Dios, que él sabe por qué; y en lo que de aquí adelante se hiciere, supliquémosle nos dé su gracia para que paguemos en algo a gentes que tanto debemos y que tan poco nos ofendió para haber sido tan molestados de nosotros, estando el Perú y las demás Indias tantas leguas de España y tantos mares en medio. (Cieza de Léon)


BIBLIOGRAFIA

Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.
Pedro de Cieza de Léon, La crónica del Peru.


(1) Rapacejo, definición, sentido - m Alma de hilo, cáñamo o algodón, sobre la cual se tuerce estambre, seda o metal para formar los flecos.

(2) Esta borla colorada que era la insignia de la dignidad real se llamaba Mascapaicha (y no Mascaipacha, como equivocadamente se suele escribir) y si bien la encarnada sólo la usaba el
Soberano, flecos de tela semejantes usaban los nobles y parientes.