ALBORADA - SAYRI ÑAN

6.25.2011

INTI RAYMI - CELEBRACIÓN SOLEMNE DEL SOL




Este nombre Raymi... La solemnísima celebración (no es cierto decir fiesta) era la que hacían al Sol por el mes de junio, en el solsticio del invierno, que llamaban Intip Raymi, que quiere decir la celebración solemne del Sol, o decian sólo Raymi, que significa lo mismo. Cuando a otras fiestas llamaban con este nombre era por participación de esta solemnidad, a la cual pertenecía  el nombre Raymi.(1)





"Hacían esta fiesta al Sol en reconocimiento de tenerle y adorarle por sumo, solo y universal Dios, que con su luz y virtud criaba y sustentaba todas las cosas de la tierra." (Garcilaso)

"Y en reconocimiento de que era padre natural del primer Inca Manco Cápac y de la Coya Mama Ocllo Huaco y de todos los Reyes y de sus hijos y descendientes, enviados a la tierra para el beneficio universal de las gentes, por estas causas, como ellos dicen, era solemnísima esta fiesta." (Garcilaso)

"Hallábanse a ella todos los capitanes principales de guerra ya jubilados y los que no estaban ocupados en la milicia, y todos los curacas, señores de vasallos, de todo el Imperio;"  (Garcilaso) 


No por nada que les obligase a ir, sino porque ellos holgaban de hallarse en la solemnidad de la adoración de su Dios, el Sol, y la veneración del Inca, su soberano, no quedaba nadie que no acudiese a ella. Cuando los curacas no podían ir, impedidos por vejez o enfermedad, negocios graves en servicio del Inca, enviaban a ella los hijos y hermanos, acompañados de los más nobles de su parentela, para que se hallasen a la fiesta en nombre de ellos.

Hallábase a ella el Inca en persona, no siendo impedido por la guerra o por visita al reino. (2)
 
Hacía el Inca las primeras ceremonias, como hijo primogénito del Sol, a quien primero y principalmente tocaba solemnizar su fiesta, por ser Hijo del Sol.
Hacía entonces la ceremonia el mismo Inca, aunque siempre había Sumo Sacerdote de la misma sangre, porque lo era siempre hermano o tío del Inca, de los legítimos de padre y madre.
 
 
Los curacas venían con todo su mejor: unos traían los vestidos chapados de oro y plata, y guirnaldas de lo mismo en las cabezas, sobre sus tocados. Otros venían vestidos con la piel de puma, la cabeza encajada en la suya, porque se precian de descender de un puma. Otros venían con grandes alas de un ave, el cúntur: blancas y negras y muy grandes, porque dicen  descender y haber sido su origen de un cúntur.

 
"Otros traían máscaras hechas a posta, de las más abominables figuras que pueden hacer, y éstos son los yuncas. Entraban en las fiestas haciendo ademanes y visajes de locos, tontos y simples. Para lo cual traían en las manos instrumentos apropiados, como flautas, tamborinos mal concertados, pedazos de pellejos, con que se ayudaban para hacer sus tonterías."(Garcilaso)
 

"Otros curacas venían con otras diferentes invenciones de sus blasones. Traía cada nación sus armas con que peleaban en las guerras: unos traían arcos y flechas, otros lanzas, dardos, tiraderas, porras, hondas y hachas de asta corta para pelear con una mano, y otras de asta larga, para combatir a dos manos." (Garilaso)
 
"Traían pintadas las hazañas que en servicio del Sol y de los Incas habían hecho; traían grandes atabales y trompetas, y muchos ministros que los tocaban; en suma, cada nación venía lo mejor arreada y más bien acompañada que podía, procurando cada uno en su tanto aventajarse de sus vecinos y comarcanos, o de todos, si pudiese," (Garcilaso)
 
Preparábanse todos para el Inti Raymi con ayuno riguroso: en tres días no comían sino un poco de maíz blanco, crudo, unas yerbas que llaman chúcam y agua. En todo este tiempo no encendían fuego en toda la ciudad, y se abstenían de dormir con sus mujeres.
 
Las ofrendas habían de alcanzar todas las naciones, no solamente los curacas y los embajadores sino también los parientes, vasallos y criados de todos ellos. Las mujeres del Sol entendían aquella noche en hacer grandísima cantidad de una masa de maíz llamada zancu; hacían panecillos redondos muy pequeños. Ellos no comían nunca su trigo amasado y hecho pan sino en esta fiesta y en otra llamada Citua, y sólo comían dos o tres bocados al principio. Su comida ordinaria, en lugar de pan, es la zara tostada o cocida en grano.
Todo preparado por las vírgenes del Sol, la harina para este pan, lo que el Inca y los de su sangre real habían de comer, la molían y amasaban las escogidas, y estas mismas guisaban todo lo demás de aquella fiesta.
Para la demás gente común amasaban el pan y guisaban la comida otra infinidad de mujeres diputadas para esto. Pero aunque era para la comunidad, se hacía el pan con atención y cuidado de que a lo menos la harina la tuviesen  porque este pan lo tenían por cosa sagrada, no permitido comerse entre año, sino en solo esta festividad, que era fiesta de sus fiestas.

El día de la fiesta, al amanecer, salía el Inca acompañado de toda su parentela, la cual iba por su orden, conforme a la edad y dignidad de cada uno, a la plaza mayor de la ciudad, que llaman Haucaypata. Allí esperaban a que saliese el Sol y estaban todos descalzos, aguardando, con grande atención, mirando al oriente. En asomando el Sol se ponían todos de cuclillas (como ponerse de rodillas) para le adorar, con los brazos abiertos y las manos alzadas y puestas en derecho del rostro, dando besos al aire le adoraban con grandísimo afecto y reconocimiento de tenerle por su Dios y Padre.

Los curacas, porque no eran de la sangre real, se ponían en otra plaza, pegada a la principal, que llaman Cussipata; hacían al Sol la misma adoración que los Incas. Luego el Inca se ponía en pie, quedando los demás de cuclillas, y tomaba dos grandes vasos de oro, que llaman aquilla, llenos del brebaje que ellos beben.
 
"Hacía esta ceremonia (como primogénito) en nombre de su padre el Sol, y con el vaso de la mano derecha le convidaba a beber, que era lo que el Sol había de hacer, convidando el Inca a todos sus parientes, porque eso del darse a beber unos a otros era la mayor y más ordinaria demostración que ellos tenían del beneplácito del superior para con el inferior y de la amistad de un amigo con el otro." (Garcilaso)
 
"Hecho el convite del beber, derramaba el vaso de la mano derecha, que era dedicada al Sol, en un tinajón de oro, y del tinajón salía a un caño de muy hermosa cantería, que desde la plaza mayor iba hasta la casa del Sol, como que él se lo hubiese bebido. Y del vaso de la mano izquierda, tomaba el Inca un trago, que era su parte, y luego se repartía lo demás por los demás Incas, dando a cada uno un poco en un vaso pequeño de oro o plata que para lo recibir tenía apercibido, y de poco en poco receaban el vaso principal que el Inca había tenido, para que aquel licor primero, santificado por mano del Sol o del Inca, o de ambos a dos, comunicase su virtud al que le fuesen echando. De esta bebida bebían todos los de la sangre real, cada uno un trago. A los demás curacas, que estaban en la otra plaza, daban a beber del mismo brebaje que las mujeres del Sol habían hecho, pero no de la santificada, que era solamente para los Incas." (Garcilaso)
 
Hecha esta ceremonia, que era como salva de lo que después se había de beber, iban todos, por su orden, a la casa del Sol, y doscientos pasos antes de llegar a la puerta se descalzaban todos, salvo el Rey, que no se descalzaba hasta la misma puerta del templo. El Inca y los de su sangre entraban dentro, como hijos naturales, y hacían su adoración a la imagen del Sol.(Garcilaso)
 
"Los curacas, como indignos de tan alto lugar porque no eran hijos, quedaban fuera, en una gran plaza que hoy está ante la puerta del templo." (Garcilaso)

El Inca ofrecía de su propia mano los vasos de oro en que había hecho la ceremonia - los demás Incas daban sus vasos a los sacerdotes Incas que para servicio del Sol estaban nombrados y dedicados porque, como seglares, aunque de la misma sangre del Sol no les era permitido hacer oficio de sacerdotes.
Habiendo ofrecido los vasos de los Incas, los sacerdotes salían a la puerta a recibir los vasos de los curacas, los cuales llegaban por su antigüedad, como habían llegado al Imperio. De esa manera daban sus vasos, y otras cosas de oro y plata que para presentar al Sol habían traído de sus tierras, como llamas, lagartijas, sapos, culebras, zorras, tigres y leones y mucha variedad de aves y de lo que más que había en sus provincias, todo contrahecho al natural en plata y oro, aunque en pequeña cantidad cada cosa.
Acabada la ofrenda, se volvían a sus plazas por su orden.
Luego venían los sacerdotes Incas, con mucho ganado natural (llama, alpaca, vicuña) de todos colores. Todo este ganado era del Sol. Tomaban un de color negra, que este color fue entre ellos antepuesto a los demás colores para los sacrificios, porque lo tenían por de mayor deidad: decían que la res prieta era en todo prieta y que la blanca, aunque lo fuese en todo su cuerpo, siempre tenía el hocico prieto, lo cual era defecto - por tanto era tenida en menos que la prieta. Por esta razón los Incas lo más del tiempo vestían de negro, y el de luto de ellos era el vellorí, color pardo que llaman.
 
Este primer sacrificio del animal prieto era para catar los agüeros y pronósticos de su fiesta. Porque todas las cosas que hacían de importancia, así para la paz como para la guerra, casi siempre sacrificaban ganado, para mirar y certificarse por el corazón y pulmones si había de ser feliz o no aquella jornada de guerra o si habían de tener buena cosecha de frutos aquel año.
 
"...de las dichas me acuerdo, que miré en ellos dos veces, que como niño acerté a entrar en ciertos corrales donde indios viejos, aún no bautizados, estaban haciendo este sacrificio, no del Raymi, que cuando yo nací ya era acabado, sino en otros casos particulares en que miraban sus agüeros, y para los mirar sacrificaban los corderos y carneros, como hemos dicho del sacrificio del Raymi; porque cuanto hacían en sus sacrificios particulares era semejanza de lo que hacían en sus fiestas principales." (Garcilaso)



Si el primer sacrificio no salía próspero el agüero, hacían otro, y si tampoco salía dichoso, hacían otro. Cuando el último también salía infeliz, no dejaban de hacer la fiesta, pero con tristeza y llanto interior, diciendo que el Sol, su padre, estaba enojado por alguna falta o descuido que hubiesen cometido en su servicio. Entonces temían guerras, esterilidad en los frutos, muerte de sus ganados y otros males. Cuando los agüeros pronosticaban felicidad, era grandísimo el regocijo en celebrar el Raymi por las esperanzas de los bienes venideros.



Hecho el ese sacrificio, traían gran cantidad de ganado para el sacrificio común; guardaban la sangre y el corazón de todos ellos y lo ofrecían al Sol, como el del primer; quemando todo hasta que se convertía en ceniza.

 


El fuego para aquel sacrificio había de ser dado de la mano del Sol, como ellos decían. Para el cual tomaban un brazalete grande, llamado chipana (a semejanza de otros que comúnmente traían los Incas en la muñeca izquierda), el cual tenía el Sumo Sacerdote y era más grande que los comunes.
 
"...tenía por medalla un vaso cóncavo, como media naranja, muy bruñido; poníanlo contra el Sol, y a un cierto punto, donde los rayos que del vaso salían daban en junto, ponían un poco de algodón muy carmenado, que no supieron hacer yesca, el cual se encendía en breve espacio, porque es cosa natural." (Garcilaso) 
 
Con este fuego, dado de la mano del Sol, se quemaba el sacrificio y se asaba toda la carne de aquel día. Y del fuego llevaban al templo del Sol y a la casa de las vírgenes, donde lo conservaban todo el año, y era mal agüero apagarse.
 
Si la víspera de la fiesta no hacía Sol para sacar el fuego nuevo, lo sacaban con dos palillos de color canela, rollizos, delgados, largos de media vara, barrenándolo uno con otro. Llaman uyaca, que significa sacar del fuego, que una misma dicción sirve de nombre y verbo.
 
Tenían por mal agüero sacar el fuego para el sacrificio de la fiesta con aquel instrumento. Decían que se lo negaba el Sol de su mano, estaba enojado. (3)
 
Toda la carne del sacrificio asaban en público en las dos plazas, y eran repartidas entre todos los que estaban allí, así Incas como curacas y demás personas. A todos se la daban con el pan llamado zancu - éste era el primer plato de su gran celebración. Luego traían otra gran variedad de manjares, que comían sin beber entre comida, porque su costumbre no beber mientras comían. Pasada la comida, les traían de beber en grandísima abundancia.



Sentado en su silla de oro macizo, puesta sobre un tablón de lo mismo oro, el Inca enviaba a los parientes de Hanan Cuzco y Hurin Cuzco a que, en su nombre, fuesen a brindar a las personas más señaladas de las otras naciones. Primero los capitanes que habían sido más valerosos en la guerra, ellos eran por su valerosidad preferidos a los curacas. Si el curaca, juntamente con ser señor había sido capitán en la guerra, le hacían honra por los dos. En segundo lugar, mandaba el Inca convidar a beber a los curacas de las cercanías del Cuzco, que eran todos los que el primer Inca Manco Cápac redujo a su servicio; los cuales, por el privilegio tan favorable que aquel hijo de Sol les dio del nombre Inca, eran tenidos por tales y estimados en el primer grado, después de los Incas de la sangre real, y preferidos a todas las demás naciones. El privilegio o merced que en común o en particular sus pasados hubiesen hecho a sus vasallos; las iban confirmando y aumentando de más en más, sin nunca las disminuir o quitar.
 
"Para este brindarse que unos a otros se hacían, es de saber que todos estos indios generalmente (cada uno en su tanto) tuvieron y hoy tienen los vasos para beber todos hermanados, de dos en dos: o sean grandes o chicos, han de ser de un tamaño, de una misma hechura, de un mismo metal, de oro o plata o de madera. Y esto hacían porque hubiese igualdad en lo que se bebiese. El que convidaba a beber llevaba sus dos vasos en las manos, y si el convidado era de menor calidad, le daba el vaso de la mano izquierda, y si de mayor o igual, el de la derecha, con más o menos comedimiento conforme al grado o calidad del uno y del otro, y luego bebían ambos a la par, y habiendo vuelto a recibir su vaso, se volvían a su lugar y siempre en semejantes fiestas el primer convite era del mayor al menor, en señal de merced y favor que el superior hacía al inferior." (Garcilaso)
 
Los Incas que llevaban la bebida decían al convidado: "El Zapa Inca te envía a convidar a beber, y yo vengo en su nombre a beber contigo". El capitán o curaca tomaba el vaso con gran reverencia y alzaba los ojos al Sol, como dándole gracias por aquella no merecida merced que su hijo le hacía, y habiendo bebido volvía el vaso al Inca, sin hablar palabra más de con ademanes y muestras de adoración con las manos y los labios, dando besos al aire.(Garcilaso)(4)
 
Al Inca llegaban sin hablar, no más de con la adoración...  Él los recibía con gran afabilidad y tomaba los vasos que le daban. No podía ni le era lícito beberlos todos, hacía llegarlos a la boca: de algunos bebía un poco, tomando de unos más y de otros menos, conforme a la merced y favor que a sus dueños les quería hacer, según el mérito y calidad de ellos.
 
"Y a los criados que cabe si tenía, que eran todos Incas del privilegio, mandaba bebiesen por él con aquellos capitanes y curacas; los cuales, habiendo bebido, les volvían sus vasos."(Garcilaso)


 
Estos vasos, porque el Sapa Inca los había tocado con la mano y con los labios, los tenían en grandísima veneración, como a cosa sagrada; no bebían en ellos ni los tocaban, sino que los ponían como a ídolos, donde los adoraban en memoria y reverencia del hijo del Sol, que les había tocado - con amor y veneración.
 
Despues volvían todos a sus puestos. Luego salían las danzas, cantares, bailes de diversas maneras, con las divisas, blasones, máscaras e todo lo que cada nación traía. Mientras cantaban y bailaban, no cesaban de beber, convidándose unos Incas a otros, unos capitanes y curacas a otros, conforme a sus particulares amistades, la vecindad de sus tierras y lo que entre ellos hubiese.
 
 La celebración duraba nueve días, con la abundancia del comer y beber y con la fiesta y regocijo que cada uno podía mostrar; pero los sacrificios para tomar los agüeros sólo los hacían el primer día. Entonces se volvían los curacas a sus tierras, con licencia de su soberano, muy alegres y contentos de haber celebrado a su Dios el Sol.
 
 
BIBLIOGRAFIA
 
Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.
 
 
(1) Esta ceremonia se realizaba en la plaza Haucaypata (hoy Plaza de armas del Cusco),

en el solsticio de invierno, el 24 de junio, en el cual sucede el día más corto y la noche más larga del año, donde se ubicaban en el centro de la plaza, rodeada por la multitud Inca para esperar la salida del sol.
(2) Cuando el Inca andaba en la guerra o visitando sus dominios, hacía la celebración donde estaba, mas no era con la solemnidad que había en el Cuzco. Allí, el gobernador Inca y el Sumo Sacerdote y los demás Incas de la sangre real la harían. Entonces los curacas o los embajadores de las provincias, iban cada cual a la fiesta que más cerca les caía.


(3)  Se sirven de ellos en lugar de eslabón y pedernal cuando los llevan para sacar fuego en las dormidas que han de hacer en despoblados. Garcilaso, en Comentarios Reales dice: "como yo lo vi muchas veces caminando con ellos, y los pastores se valen de ellos para lo mismo."


 
(4) "Y es de advertir que el Inca no enviaba a convidar a beber a todos los curacas en general (aunque a los capitanes sí), sino a algunos en particular, que eran más bienquistos de sus vasallos, más amigos del bien común; porque éste fué el blanco a que ellos tiraban, así el Inca como los curacas y los ministros de paz y de guerra. A los demás curacas convidaban a beber los mismos Incas, que llevaban los vasos en su propio nombre, y no en nombre del Inca, que les bastaba y lo tenían a muy buena dicha porque era Inca, hijo del Sol, también como su Rey."(Garcilaso)


  BIBLIOGRAFIA




Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.