ALBORADA - SAYRI ÑAN

6.11.2011

IMPERIO INCA - LA ARQUITECTURA IMPOSIBLE- I




Si yo hubiera sólo una flecha para disparar en el blanco, de una manera perfecta, para abrir el portal al pasado y traer de vuelta la grandeza del Imperio Inca, yo no dudaria. Yo tiraría mi flecha en una juntura de rocas de una fortaleza Inca...

Solo de esa manera, adentraría en la fortaleza del pasado, para tratar de comprender lo que no se puede entender sin la pureza de corazón, sin los ojos del alma ...
Al viajar en la flecha, rompería el velo del tiempo y del espacio, adentraría en una dimensión que es incomprensible para aquellos que ven el oro con ojos materiales... Y aterrizaría... Como avatar venido de un mundo en silencio...
 
Cuando se habla de la arquitectura Inca parece que todo el mundo empieza a crear la leyenda de la leyenda. Al imaginarse que aquellas rocas, no piedras ordinarias, sino peñas, podrían ser trabajadas, talladas por las manos de hombres con algún tipo de tecnología que se ha perdido en el tiempo y en la destrucción. Comienzan a hacer teorías para explicar el que no es dado a entender a quienes no comprenden la vida Inca...

Así que, retornando en el tiempo, utilizando de nuevo el Garcilaso de la Vega y sus Comentarios Reales, yo contaré un poco acerca de estas rocas, peñas, piedras, estructuras vivas de una nación que todavía confía en ellas para reestructurarse ...
 
A eso todo, le daré un nombre...
 
Reconstruyendo el Imperio ...
 
La obra mayor y más soberbia que mandaron hacer para mostrar su poder y majestad, fue la fortaleza del Cozco, cuyas grandezas son increíbles a quien no las ha visto, y al que las ha visto y mirado con atención le hacen imaginar, y aun creer, que son hechas por vía de encantamiento, y que las hicieron demonios y no hombres;... (Capítulo XXI - La Forlaleza del Cuzco. El grandor de sus piedras - Garcilaso de la Vega - Comentarios Reales)

 
Según el cronista español la multitud de tantas y tan grandes piedras, más peñas que piedras, hacían pensar y admirar cómo las pudieron cortar de las canteras de donde se sacaron, porque no tuvieron hierro ni acero para las cortar ni labrar. Y cómo las pudieron traer al edificio, porque no tuvieron animales, ni carros, y si tuviesen ellos no las podría transportar.
 
Ay que pensar...


Arrastrando a fuerza de brazos, con gruesas maronas, por caminos nada llanos, sino sierras muy ásperas con grandes cuestas, por donde las subían y bajaban a pura fuerza de hombres. Diez, doce, quince leguas, particularmente la piedra, mejor , la peña llamada Saycusca, que significa cansada, porque no llegó al edificio, la trajeron de quince leguas de la ciudad, y que pasó el río de Yucay...
 
Ay que pensar...



Cómo pudieron ajustar tanto unas piedras tan grandes, muchas de ellas tan ajustadas, que apenas se aparece la juntura; era menester levantar y asentar la una piedra sobre la otra muy muchas veces, porque no tuvieron escuadra, ni regla para asentarla encima de una piedra, y ver por ella si estaba ajustada con la otra. Tampoco supieron hacer grúas, ni garruchas, ni otro ingenio para ayudarlos a subirlas y bajarlas. 

 
                                                (Saycusca - La Piedra Cansada)



En contra deste muro, por la otra parte tiene el cerro un llano grande, por aquella banda suben a lo alto del cerro con muy poca cuesta, por donde los enemigos podían arremeter en escuadrón formado. Entonces hicieron tres muros uno delante de otro, subiendo el cerro; de más de doscientas brazas del largo cada uno. Hechos en forma de media luna, cerrando y juntandose con el otro muro pulido que está a la parte de la ciudad.
Según Garcilaso las piedras no parecían ser sacadas de canteras, porque no tenían muestras de haber sido cortadas, sino que llevaban las peñas sueltas y desasidas (que los canteros llaman tormos), que por aquellas sierras hallaban acomodadas para la obra. Unas son cóncavas de un cabo, y convejas de otro, y sesgas de otro. Unas con puntas a las esquinas, y otras sin ellas, el vacío y cóncavo de una peña grandísima lo henchían con el lleno y convejo de otra peña tan grande y mayor, si mayor la podían hallar, y por el semejante el sesgo o derecho de una peña igualaban con el derecho o sesgo de otra.

La esquina que faltaba a una peña la suplían sacándola de otra, no en pieza chica, que solamente hinchiese aquella falta, sino arrimando otra peña con una punta sacada de ella, de manera que unas a otras se abrazasen, supliendo cada cual la falta de la otra, para mayor majestad del edificio.
En cada cerca, casi en medio de ella, había una puerta.  Cada puerta tenía una piedra levadiza del ancho y alto de la puerta, con que la cerraban. A la primera llamaron Tiupuncu, puerta del Arenal, porque aquel llano es algo arenoso. A la segunda llamaron Acahuana Puncu, porque el maestro mayor que la hizo se llamaba Acahuana.
La tercera se llamó Wiracocha Puncu, consagrada al dios Wiracocha, el mismo que se apareció al príncipe Cusi Yupanqui, y le dio aviso del levantamiento de los chancas, por lo cual lo tuvieron por defensor y nuevo fundador de la ciudad del Cozco. Le dieron aquella puerta, pidiéndole fuese guarda della y defensor de la fortaleza.
Entre un muro y otro de los tres, por todo lo largo dellos, un espacio de veinte y cinco o treinta pies; terraplenado hasta lo alto de cada muro, cada cerca su antepecho de más de una vara en alto, de donde se podía pelear con más defensa que al descubierto.

                                        (Coricancha - Templo del Sol - Cuzco)


Pasadas aquellas tres cercas, hay una plaza larga y angosta, con tres torreones en triángulo prolongado conforme al sitio. El principal , en medio, llamaron Móyoc Marca o fortaleza redonda, porque fue hecha en redondo; en ella había una fuente de mucha y muy buena agua, traída de lejos por debajo de tierra, no si sabe de dónde, ni por dónde. Entre el Inca y los del Supremo Consejo andaba secreta la tradición de semejantes cosas. En aquel torreón se aposentaban los reyes cuando subían a la fortaleza a recrearse, donde todas las paredes estaban adornadas de oro y plata, con animales, y aves, y plantas, contrahechos al natural, y encajadas en ellas, que servían de tapicería y todo el demás servicio que tenían las casas reales.



Un segundo torreón llamaron Páucar Marca, y un tercero Sácllac Marca; ambos eran cuadrados, con muchos aposentos para los soldados que había de guarda, los cuales se remudaban por su orden; habían de ser de los Incas del privilegio, pues que los de otras naciones no podían entrar en aquella fortaleza que era casa del Sol, de armas y de guerra, como lo era el templo de oración y sacrificios. Tenían su capitán general como alcalde; había de ser de la sangre real y de los legítimos, el cual tenía sus tenientes y ministros, para cada ministerio el suyo; para la milicia de los soldados; para la provisión de los bastimentos; para la limpieza y pulicía de las armas; para el vestido y calzado que había de depósito para la gente de guarnición que en la fortaleza había.

Debajo de los torreones, había labrado debajo de tierra otro tanto como encima; pasaban las bóvedas de un torreón a otro, por las cuales se comunicaban los torreones también como por cima. Aquellos soterraños estaban labrados con tantas calles y callejas, que cruzaban de una parte a otra con vueltas y revueltas, y tantas puertas, unas en contra de otras, y todas de un tamaño, que a poco trecho que entraban en el laberinto perdían el tino y no acertaban a salir. Aun los muy pláticos no usaban entrar sin guía - un ovillo de hilo grueso que al entrar dejaban atado a la puerta para salir guiándose por él.


                            (fortaleza de Sacsayhuaman)
Así, en palabras de Garcilaso ...

"Bien muchacho, con otros de mi edad, subí muchas veces a la fortaleza, y con estar ya arruinado todo el edificio pulido, digo lo que estaba sobre la tierra, y aun mucho de los que estaba debajo, no osábamos entrar en algunos pedazos de aquellas bóvedas que habían quedado, sino hasta donde alcanzaba la luz del sol, por no perdernos dentro, según el miedo que los indios* nos ponían."

 
 
No había bóvedas de arco; labrando las paredes, dejaban para los soterraños unos canecillos de piedra, sobre los cuales echaban en lugar de vigas piedras largas, labradas a todas seis haces, muy ajustadas, que alcanzaban de una pared a otra. Todo aquel gran edificio de la fortaleza fue de cantería pulida y cantería tosca, ricamente labrada con mucho primor.
 
Hubo cuatro maestros mayores en la fábrica de aquella fortaleza. El primero y principal a quien atribuyen la traza de la obra fue Huallpa Rimachi, Inca; y para decir que era el principal, le añadieron el nombre Apu, que significa capitán o superior en cualquier ministerio. A Apu Huallpa Rimachi, le sucedió Inca Maricanchi. El tercero fue Acahuana Inca, a quien atribuyen mucha parte de los grandes edificios de Tiahuanacu. El cuarto y último de los maestros se llamó Calla Cunchuy, en su tiempo trujeron la Piedra Cansada, a la cual puso el maestro mayor su nombre, porque en ella se conservase su memoria.

 
 
                                                                 (Puente Inca)  
 
 
LA ERA DE LA DESTRUCCIÓN
 
En las palabras de Garcilaso ...
 
"Los españoles, como envidiosos de sus admirables victorias, debiendo sustentar aquella fortaleza, aunque fuera reparándola a su costa, para que por ellas vieran en siglos venideros cuán grandes habían sido las fuerzas y el ánimo de los que la ganaron, y fuera eterna memoria de sus hazañas, no solamente no la sustentaron, mas ellos propios la derribaron para edificar las casas particulares que hoy tienen en la ciudad de Cozco, que por ahorrar la costa y la tardanza y pesadumbre con que los indios* labraban las piedras para los edificios, derribaron todo lo que de cantería pulida estaba edificado dentro de las cercas, que no hay casa en la ciudad que no haya sido labrada con aquella piedra, a lo menos las que han labrado los españoles.

Las piedras mayores, que servían de vigas en los soterraños, sacaron para umbrales y portadas, y las piedras menores, para los cimientos y paredes; y para las gradas de las escaleras buscaban las hiladas de piedra del altor que les convenía; y habiéndola hallado, derribaban todas las hiladas que había encima de la que habían menester, aunque fuesen diez o doce hiladas, o muchas más. De esta manera echaron por tierra aquella gran majestad, indigna de tal estrago, que eternamente hará lástima a los que la miraren con atención de lo que fue. Derribáronla con tanta priesa, que aun yo no alcancé de ella sino las pocas reliquias que he dicho. Las tres murallas de peñas dejé en pie, porque no las pueden derribar por la grandeza de ellas; y aun con todo eso, según me han dicho, han derribado parte dellas, buscando la cadena o maroma de oro que Huayna Cápac hizo, porque tuvieron conjeturas o rastros que la habían enterrado por allí.


Dio principio a la fábrica de aquella no bien encarecida y mal dibujada fortaleza, el buen rey Inca Yupanqui, décimo de los Incas, aunque otros quieren decir que fue su padre Pachacútec Inca; diciendo porque dejó la traza y el modelo hecho, y recogida grandísima cantidad de piedra y peñas, que no hubo otro material en aquella obra. Tardó en acabarse más de cincuenta años, hasta los tiempos de Huayna Cápac, y aun dicen los indios* que no estaba acabada, porque la piedra cansada la habían traído para otra gran fábrica que pensaban hacer, la cual con otras muchas que por todo aquel imperio se hacían, atajaron las guerras civiles, que poco después entre los dos hermanos Huáscar Inca y Atahualpa se levantaron, en cuyo tiempo entraron los españoles que las atajaron y derribaron de el todo como hoy están."


*No me gusta nada esta palabra que todos utilizan a menudo, para designar a los Incas. Dejo aquí mi protesta porque para mí es una palabra de blasfemia.