ALBORADA - SAYRI ÑAN

6.26.2011

HUASCAR - UNA CADENA DE ORO PARA EL HIJO DEL SOL



En el primer año de su gobierno Huayna Cápac se ocupó de las exequias de su padre Túpac Inca Yupanqui, para luego salir a visitar sus dominios. Por donde quiera que pasaba, salían los curacas y vassallos a cubrir los caminos de flores y juncia y con arcos triunfales hechos de las dichas flores, aclamando su nombre "¡Huayna Cápac, Huayna Cápac!".

"Como que era el nombre que más lo engrandecía, por haberlo merecido desde su niñez, con el cual le dieron también la adoración (como a Dios) en vida. El Padre Joseph de Acosta, hablando de este Príncipe, entre otras grandezas que en su loa escribe, dice estas palabras, libro sexto, capítulo veintidós: "Este Huayna Cápac fue adorado de los suyos por dios en vida, cosa que afirman los viejos que con ninguno de sus antecesores se hizo", etc."(Garcilaso)


Cuando andaba en esta visita, en el comienzo de ella, recibió la nueva de que era nacido el príncipe heredero, que después llamaron Huáscar Inca. El nacimiento del tan deseado príncipe hizo que su padre volviese al Cuzco, con toda la prisa posible, para hallarse a las fiestas de su nacimiento.

"Pasada la solemnidad de la fiesta, que duró más de veinte días, quedando Huayna Cápac muy alegre con el nuevo hijo, dio en imaginar cosas grandes y nunca vistas, que se inventasen para el día que le destetasen y trasquilasen el primer cabello y pusiesen el nombre propio, que, como en otra parte dijimos, era fiesta de las más solemnes que aquellos Reyes celebraban, y al respecto de allí abajo, hasta los más pobres, porque tuvieron en mucho los primogénitos."(Garcilaso)

Imaginó mandar hacer una cadena de oro tan famosa hasta ahora y aún no vista por los extraños, aunque siempre deseada.
Garcilaso de la Vega relata en su libro que todas las provincias del reino tenía una manera de bailar diferente de las otras, en la cual se conocía cada nación, también como en los diferentes tocados que traían en las cabezas. Estos bailes eran los mismos, siempre, nunca los trocaban por otros y los Incas tenían un bailar grave, sin brincos ni saltos ni otras mudanzas, como los demás hacían. Eran varones los que bailaban, sin mujeres entre ellos.


"...asíanse de las manos, dando cada uno las suyas por delante, no a los primeros que tenía a sus lados, sino a los segundos, y así las iban dando de mano en mano, hasta los últimos, de manera que iban encadenados. Bailaban doscientos y trescientos hombres juntos, y más, según la solemnidad de la fiesta. Empezaban el baile apartados del Príncipe ante quien se hacía. Salían todos juntos; daban tres pasos en compás, el primero hacia atrás y los otros dos hacia adelante, que eran como los pasos que en las danzas españolas llamandobles y represas; con estos pasos, yendo y viniendo, iban ganando tierra siempre para delante, hasta llegar en medio cerco adonde el Inca estaba. Iban cantando a veces, ya unos, ya otros, por no cansarse si cantasen todos juntos; decían cantares a compás del baile, compuestos en loor del Inca presente y de sus antepasados y de otros de la misma sangre que por sus hazañas, hechas en paz o en guerra, eran famosos." (Garcilaso)
 
Los circunstantes ayudaban al canto, por que la fiesta fuese de todos y el mismo Inca bailaba algunas veces en las fiestas solemnes, por solemnizarlas más. Del tomarse las manos para ir encadenados, imaginó el Inca Huayna Cápac mandar hacer la cadena de oro, para ser más solemne y majestoso, que fuesen bailando asidos a ella, que a las manos.
 
"Este hecho en particular, sin la fama común, lo oí al Inca viejo, tío de mi madre, de quien al principio de esta historia hicimos mención que contaba las antiguallas de sus pasados. Preguntándole yo qué largo tenía la cadena, me dijo que tomaba los dos lienzos de la Plaza Mayor del Cozco, que es el ancho y el largo de ella, donde se hacían las fiestas principales, y que (aunque para el bailar no era menester que fuera tan larga) mandó hacerla así el Inca para mayor grandeza suya y mayor ornato y solemnidad de la fiesta del hijo, cuyo nacimiento quiso solemnizar en extremo. Para los que han visto aquella plaza, que los indios llaman Haucaypata, no hay necesidad de decir el grandor de ella; para los que no la han visto, me parece que tendrá de largo, norte sur, doscientos pasos de los comunes, que son de a dos pies, y de ancho, leste hueste, tendrá ciento y cincuenta pasos, hasta el mismo arroyo, con lo que toman las casas que por el largo del arroyo hicieron los españoles, año de mil y quinientos y cincuenta y seis,...De manera que a esta cuenta tenía la cadena trescientos y cincuenta pasos de largo, que son setecientos pies; preguntando yo al mismo indio por el grueso de ella, alzó la mano derecha, y, señalando la muñeca, dijo que cada eslabón era tan grueso como ella." (Garcilaso)
 
"El Contador general Agustín de Zárate, Libro primero, capítulo catorce, ya por mí otra vez alegado cuando hablamos de las increíbles riquezas de las casas reales de los Incas, dice cosas muy grandes de aquellos tesoros. Parecióme repetir aquí lo que dice en particular de aquella cadena, que es lo que se sigue, sacado a la letra: "Al tiempo que le nació un hijo, mandó hacer Guainacaba una maroma de oro, tan gruesa (según hay muchos indios vivos que lo dicen), que asidos a ella doscientos indios orejones no la levantaban muy fácilmente, y en memoria de esta tan señalada joya llamaron al hijo Guasca, que en su lengua quiere decir soga, con el sobrenombre de Inga, que era de todos los Reyes, como los Emperadores romanos se llamaban Augustos", etc." (Garcilaso)
 
Es la famosa pieza de oro, desaparecida luego que los españoles entraron, de tal manera que no hay rastro de ella hasta ahora. Demás del nombre propio que le pusieron, Inti Cusi Huallpa, le añadieron por renombre, Huáscar, por dar más importancia a la joya. Huasca quiere decir soga, y porque los Incas no decian cadena en su lengua, la llamaban soga, añadiendo el nombre del metal de que era la soga, como decimos cadena de oro o de plata o de hierro. Según Garcilaso y porque en el príncipe no sonase mal el nombre Huasca, por su significación, le disfrazaron con la -r, añadida en la última sílaba, porque con ella no significa nada, y quisieron que retuviese la denominación de Huasca, pero no la significación de soga.
 
"...de esta suerte fue impuesto el nombre Huáscar a aquel príncipe, y de tal manera se le apropió, que sus mismos vasallos le nombraban por el nombre impuesto y no por el propio, que era Inti Cusi Huallpa; quiere decir: Huallpa Sol de alegría; que ya como en aquellos tiempos se veían los Incas tan poderosos, y como la potencia, por la mayor parte, incite a los hombres a vanidad y soberbia, no se preciaron de poner a su príncipe algún nombre de los que hasta entonces tenían por nombres de grandeza y majestad, sino que se levantaron hasta el cielo y tomaron el nombre del que honraban y adoraban por Dios y se lo dieron a un hombre llamándole Inti, que en su lengua quiere decir Sol; Cusi quiere decir alegría, placer, contento y regocijo, y esto baste de los nombres y renombres del príncipe Huáscar Inca." (Garcilaso)
 
 

Huayna Cápac, habiendo dejado el orden y traza de la cadena y de las demás grandezas que para la solemnidad del trasquilar y poner nombre a su hijo se habían de hacer, volvió a la visita de sus dominios, que empezara, y anduvo en ella más de dos años, hasta que dejase de mamar el niño. Entonces volvió al Cozco, donde se hicieron las fiestas y regocijos imaginadas, poniéndole el nombre propio y el renombre Huáscar.
                                     
                               
 
El Inca Huayna Cápac, hubo en la hija del Rey de Quitu a su hijo Atahuallpa, el cual era de buen entendimiento, ingenioso, astuto, sagaz, mañoso, cauteloso, belicoso para la guerra, animoso, hermoso de rostro y de cuerpo, como lo eran comúnmente todos los Incas.
Por todos sus dotes lo amó su padre tiernamente, y siempre lo traía consigo. No pudiendo quitar el derecho al primogénito y heredero legitimo, que era Huáscar Inca, le mandó llamar, en el Cuzco. Venido que fue, hizo una gran junta de los hijos, de muchos capitanes y curacas que procuró, contra el fuero y estatuto de todos sus antepasados, dejarle como herencia el reino de Quitu.
 
En presencia de todos habló al hijo legítimo y le dijo que él quería mucho a su hijo Atahualpa y le pesaba dejalo pobre y que holgaría que Huascar tuviése por bien que, de todo lo que él, Huayna Capac había ganado para su corona, se quedase en herencia y sucesión el reino de Quitu a Atahualpa, que fue de sus abuelos maternos y era de su madre. Para vivir Atahualpa en estado real, como lo merecía sus virtudes, que siendo tan buen hermano como lo era y teniendo con qué, podría servilo mejor en todo lo que le mandase. Que para recompensa y satisfacción de esto poco que pedía, quedaban otras muchas provincias y reinos muy largos y anchos, en contorno de los suyos, que él podría obtener, en cuya conquista os serviría su hermano de soldado y capitán, y que él iría contento del mundo, cuando  descansase con Su Padre el Sol.
 
"El Príncipe Huáscar Inca respondió con mucha facilidad que holgaba en extremo de obedecer al Inca, su padre, en aquello y en cualquiera otra cosa que fuese servido mandarle, y que si para su mayor gusto era necesario hacer dejación de otras provincias, para que tuviese más que dar a su hijo Atahuallpa, también lo haría, a trueque de darle contento." (Garcilaso)
 
"Con esta respuesta quedó Huayna Cápac muy satisfecho; ordenó que Huáscar se volviese al Cozco; trató de meter en la posesión del reino a su hijo Atahuallpa; añadióle otras provincias, sin las de Quitu; dióle capitanes experimentados y parte de su ejército, que le sirviesen

y acompañasen; en suma, hizo en su favor todas las ventajas que pudo, aunque fuesen en perjuicio del príncipe heredero; húbose en todo como padre apasionado y rendido del amor de un hijo; quiso asistir en el reino de Quitu y en su comarca los años que le quedaban de vida;"(Garcilaso)
 
Cuando Huayna Cápac murió, los suyos, en cumplimiento de lo que les dejó mandado, abrieron su cuerpo y lo embalsamaron y llevaron al Cuzco, y el corazón dejaron enterrado en Quitu.
 
 
BIBLIOGRAFIA
 
Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.