ALBORADA - SAYRI ÑAN

6.28.2011

CORICANCHA - UN HOGAR PARA EL SOL EN LA TIERRA



                                                  (Coricancha)

"Otra imagen había en forma de disco que cubría la rotonda exterior del edificio del Coricancha, que “era de oro finísimo, con gran riqueza de pedrería y puesto al oriente con tal artificio que, en saliendo el sol, daba en él, [y] como era el metal finísimo, volvían los rayos con tanta claridad que parecía otro sol” "((José de Acosta) in Garcilaso)(1)

Una de las cosas más adoradas por los Incas era su capital, Cuzco. La imperial ciudad del Cuzco, era cosa sagrada por haberla fundado el primer Inca Manco Cápac, por las innumerables victorias que ella tuvo en las conquistas que hizo  pero, principalmente, porque era casa y corte de los Incas y su Dios. De tal manera era su adoración que cualquier cosa que llevasen del Cozco a otras partes, aunque en la calidad no se aventajase, sólo por ser de aquella ciudad era más estimada que las de otras regiones y provincias. Esta veneración hizo que sus Señores la ennobleciesen lo más que pudiesen con edificios suntuosos y con las casas reales que muchos de ellos hicieron para sí mismos Entre las cuales, el templo del Sol, la Casa del Dios Sol, adornada de increíbles riquezas, aumentándolas cada Inca de por sí y aventajándose del pasado.

Según Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales, "fueron tan increíbles las grandezas de aquella casa que no me atreviera yo a escribirlas si no las hubieran escrito todos los españoles historiadores del Perú. Mas ni lo que ellos dicen ni lo que yo diré alcanza a significar las que fueron."
Garcilaso relata que se atribuyen el edificio de aquel templo al Rey Inca Yupanqui, abuelo de Huayna Cápac, "no porque él lo fundase, que desde el primer Inca quedó fundado, sino porque lo acabó de adornar y poner en la riqueza y majestad que los españoles lo hallaron."(2)

El templo no tenía altar, entonces, sólo para entenderse, donde "sería" el altar, "la parte principal" del templo estaba al oriente, donde tenían puesta la figura del Sol (*), hecha de una plancha de oro al doble más gruesa que las otras planchas que cubrían las cuatro paredes que estaban cubiertas, de arriba abajo, de planchas y tablones de oro. La figura estaba hecha con su rostro en redondo y con sus rayos y llamas de fuego todo de una pieza. Era tan grande que tomaba todo el testero del templo, de pared a pared.

"Sobre la imagen o ídolo del Sol del Coricancha, conocido en lengua nativa como Punchau,

se debe diferenciar dos tipos: uno que se guardaba en el interior y que era de forma humana “hecha de oro excepto el vientre que estaba lleno de una pasta de oro molido y amasado con las cenizas o polvos de los corazones de los Reyes Incas”."(*) (Bernabé Cobo).


"Otra imagen había en forma de disco que cubría la rotonda exterior del edificio del Coricancha, que “era de oro finísimo, con gran riqueza de pedrería y puesto al oriente con tal artificio que, en saliendo el sol, daba en él, [y] como era el metal finísimo, volvían los rayos con tanta claridad que parecía otro sol” (José de Acosta).

La techumbre era de madera muy alta, "por que tuviese mucha corriente; la cobija fue de paja, porque no alcanzaron a hacer teja".(?) Todas las cuatro paredes del templo estaban cubiertas de arriba abajo de planchas y tablones de oro. No tuvieron los Incas otros ídolos suyos ni ajenos con la imagen del Sol en aquel templo ni otro alguno, porque no adoraban otros dioses sino al Sol, aunque no falta quien diga lo contrario."(Garcilaso)

A un lado y a otro de la imagen del Sol estaban los cuerpos embalsamados de los Incas muertos, puestos por su antigüedad, como hijos del Sol, que parecían estar vivos, asentados en sus sillas de oro, puestas sobre los tablones de oro en que solían asentarse.(3)

Según  Garcilaso, "tenían los rostros hacia el pueblo; sólo Huayna Cápac se aventajaba de los demás, que estaba puesto delante de la figura del Sol, vuelto el rostro hacia él, como hijo más querido y amado, por haberse aventajado de los demás, pues mereció que en vida le adorasen por Dios por las virtudes y ornamentos reales que mostró desde muy mozo."

La puerta principal del templo miraba al norte, aunque había otras puertas menores para servicio del templo, todas aforradas con planchas de oro en forma de portada. Por de fuera, por lo alto de las paredes del templo, corría una azanefa de oro de un tablón de más de una vara de ancho, en forma de corona, que abrazaba todo el templo.

Garcilaso cuenta que "pasado el templo, había un claustro de cuatro lienzos; el uno de ellos era el lienzo del templo. Por todo lo alto del claustro había una cenefa de un tablón de oro más de una vara en ancho, que servía de corona al claustro; en lugar de ella mandaron poner las españoles, en memoria de la pasada, otra azanefa blanca, de yeso, del anchor de la de oro: yo la dejé viva en las paredes que estaban en pie y no se habían derribado. Al derredor del claustro había cinco cuadras o aposentos grandes cuadrados, cada uno de por sí, no trabados con otros, cubiertos en forma de pirámide, de los cuales se hacían los otros tres lienzos del claustro."

Una de aquéllas cuadras estaba dedicada para aposento de la Luna, esposa-hermana del Sol, y era la que estaba más cerca de la capilla mayor del templo; toda ella y sus puertas estaban aforradas con tablones de plata, porque por su color viesen que era aposento de la Luna, que estaba puesta en imagen y retrato como al Sol - un rostro de mujer hecho y pintado en un tablón de plata.

"Entraban en aquel aposento a visitar la Luna y a encomendarse a ella porque la tenían por hermana y mujer del Sol y madre de los Incas y de toda su generación, y así la llamaban Mama Quilla, que es Madre Luna; pero no le ofrecían sacrificios como al Sol. A una mano y a otra de la figura de la Luna estaban los cuerpos de las Reinas difuntas, puestas por su orden y antigüedad: Mama Ocllo, madre de Huayna Cápac, estaba delante de la Luna, rostro a rostro con ella y aventajada de las demás, por haber sido madre de tal hijo." (Garcilaso)

Otro aposento de aquéllos, el más cercano a la Luna, estaba dedicado al lucero Venus, a las "siete Cabrillas"(4) y a todas las demás estrellas en común. A la estrella Venus llamaban Chasca, que significa de cabellos largos y crespos - honrábanla porque decían que era paje del Sol, que andaba más cerca de él, unas veces delante y otras veces en pos. A las siete Cabrillas respetaban por la extrañeza de su postura y conformidad de su tamaño.

"A las estrellas tenían por criadas de la Luna, y así les dieron el aposento cerca del de su señora, porque estuviesen más a mano para el servicio de ella, porque decían que las estrellas andan en el cielo con la Luna, como criadas suyas, y no con el Sol, porque las ven de noche y no de día." (Garcilaso)

Además de esos cinco galpones grandes, había en la casa del Sol otros muchos aposentos para los sacerdotes y para los criados de la casa, que eran Incas de privilegio - no podía entrar en aquella casa persona alguna que no fuese Inca, por gran señor que fuese. Tampoco entraban mujeres en ella, aunque fuesen las hijas y mujeres del mismo Inca. Los sacerdotes asistían al servicio del templo por semanas, las cuales contaban por los cuartos de la Luna, cuando entonces se abstenían de sus mujeres, sin salir del templo.

Entapizado de plata, también como el de la Luna, este aposento, y la portada, eran de plata y tenía todo lo alto del techo sembrado de estrellas grandes y chicas, a semejanza del cielo estrellado.
Otro aposento, junto al de las estrellas, era dedicado al relámpago, trueno y rayo. Tres cosas que nombraban y comprendían debajo del nombre Illapa, y con el verbo que le juntaban distinguían las significaciones del nombre.(5) No los adoraron por dioses, sólo eran respetados por criados del Sol. Los Incas dieron aposento al relámpago, trueno y rayo en la casa del Sol, como a criados suyos, y estaba todo él guarnecido de oro. No les dieron estatua ni pintura porque no pudieron retratarlos al natural, que siempre lo procuraban en toda cosa de imágenes.

El cuarto aposento estaba dedicado al arco iris, porque creían que procedía del Sol, tomandolo los Incas por divisa y blasón. Este aposento estaba todo guarnecido de oro. En un lienzo de él, sobre las planchas de oro, tenían pintado muy al natural el arco iris, tan grande, que tomaba de una pared a otra con todos sus colores al vivo. Llaman al arco cuychu y lo tenían por bandera. El arco iris era la bandera del Tahuantinsuyo (Imperio Inca).(6)

Guarnecido con oro de alto abajo, el quinto y último aposento era dedicado al Sumo Sacerdote y a los demás sacerdotes que asistían al servicio del templo, todos Incas de la sangre real. Estos tenían aquel aposento no para dormir ni comer en él, sino que era sala de audiencia para ordenar los sacrificios y para todo lo demás que conviniese al servicio del templo.

"De las cinco cuadras alcancé las tres que aún estaban en su antiguo ser de paredes y techumbre. Sólo les faltaban los tablones de oro y plata. Las otras dos, que eran la cuadra de la Luna y de las estrellas estaban ya derribadas por el suelo. En las paredes de estos aposentos que miraban al claustro, por la parte de afuera, en el grueso de ellas, había en cada lienzo cuatro tabernáculos, embebidos en las mismas paredes labradas de cantería, como eran todas las demás de aquella casa. Tenían sus molduras por las esquinas y por todo el hueco del tabernáculo, y, conforme a las molduras que en la piedra estaban hechas, así estaban aforrados con tablones de oro, no sólo las paredes y lo alto, mas también el suelo de los tabernáculos. Por las esquinas de las molduras habían muchos engastes de piedras finas, esmeraldas y turquesas, que no hubo en aquella tierra diamantes ni rubíes. Sentábase el Inca en estos tabernáculos cuando hacían fiestas al Sol, unas veces en un lienzo y otras en otro conforme al tiempo de la fiesta." (Garcilaso)


Garcilaso cuenta que se acuerdaba que en dos tabernáculos de éstos, que estaban en un lienzo que miraba al oriente, vio muchos agujeros en las molduras que estaban hechas en las piedras: "las que estaban a las esquinas pasaban de un cabo a otro; las otras, que estaban en el campo y espacio del tabernáculo, no tenían más que estar señaladas en la pared."

Dice que oyó decir por los Incas y por religiosos de la casa que, en aquellos mismos lugares, solían estar sobre el oro los engastes de las piedras finas. "Los tabernáculos y todas las puertas que salían al claustro, que eran doce (salvo las del aposento de la Luna y de las estrellas), todas estaban chapadas con planchas y tablones de oro en forma de portadas, y las otras dos, porque en el color blanco asemejasen a sus dueños, tenían las portadas de plata."


  Las personas que servían en el templo como criados, como porteros, barrenderos, cocineros, coperos, reposteros, guardajoyas, leñadores y aguadores o cualquier otro cargo perteneciente al servicio del templo eran de los mismos pueblos que servían de criados en la casa real. Estas dos casas, como casas de padre e hijo, tenían los mismos servicios, sin diferenciarse, salvo que en la casa del Sol no había servicio de mujeres ni en la del Inca ofrenda de sacrificios; todo lo demás era igual en grandeza y majestad.

Unos sacrificios se quemaban en unos patios y otros en otros, porque la casa tenía muchos lugares dedicados para cada fiesta particular, conforme a la obligación o devoción de los Incas. Los sacrificios que se hacían en la fiesta principal del Sol, Inti Raymi, se hacían en la plaza mayor de la ciudad. Otros sacrificios y fiestas se hacían en una gran plaza que había delante del templo, donde podían danzar y bailar todas las provincias y naciones del reino, pero sin poder pasar de allí a entrar en el templo, y aun allí no podían estar sino descalzos, porque era ya dentro del término donde se habían de descalzar.
 
Cuatro calles salían de la plaza del Cuzco y iban norte sur hacia el templo. Por todas estas cuatro calles iban al templo del Sol, pero la calle más principal y la que iba más derecha hasta la puerta del templo era la que salía de en medio de la plaza, por la cual iban y venían al templo a adorar al Sol y a llevarle sus embajadas, ofrendas y sacrificios, y era calle del Sol. (7)
 
Una de esas calles principales era la que iba siguiendo el arroyo abajo y otra era la que salía del rincón de la plaza y iba a la misma vía. A todas las cuatro calles atraviesaba otra calle que iba de poniente a oriente, desde el arroyo hasta la calle de San Agustín. Esta que atraviesaba las otras era el término y límite donde se descalzaban los que iban hacia el templo, y aunque no fuesen al templo se habían de descalzar en llegando a aquellos puestos porque era prohibido pasar calzados de allí adelante. Había, desde esa calle que era término hasta la puerta del templo, más de doscientos pasos. Así que al oriente, poniente y mediodía del templo había los mismos términos, llegando a ellos se habían de descalzar.
 
Tenían dentro en la casa cinco fuentes de agua que iba a ella de diversas partes, con los caños de oro, los pilares, unos de piedra y otros tinajones de oro y de plata, donde lavaban los sacrificios conforme a la calidad de ellos y a la grandeza de la fiesta.
 
Garcilaso cuenta... "Yo no alcancé más de una de las fuentes, que servíade regar la huerta de hortaliza que entonces tenía  aquel convento; las otras sehabían perdido, y por no las haber menester o por no saber de dónde las traían,que es lo más cierto, las han dejado perder. Y aun la que digo que conocí, la viperdida seis o siete meses y la huerta desamparada por falta de riego, y todo el convento afligido por su pérdida, y aun la ciudad porque no hallaron indio que supiese decir de dónde ni por dónde iba el agua de aquella fuente."
 
"La causa de perderse entonces fue que el agua iba del poniente del convento por debajo de tierra y atravesaba el arroyo que corre por medio de la ciudad. El cual, en tiempo de los Incas, tenía las barrancas de muy buena cantería y el suelo de grandes losas, por que las crecientes no hiciesen daño en el suelo ni en las paredes, y salía este edificio más de un cuarto de legua fuera de la ciudad. Con el descuido de los españoles se ha ido rompiendo, principalmente lo enlosado, que aquel arroyo (aunque es de poquísima agua porque nace casi dentro de la ciudad) suele contener arrebatadas crecientes e increíbles de grandes, con las cuales ha ido llevando las losas."
 
"El año de mil y quinientos y cincuenta y ocho acabó de llevar las que había encima de los caños de aquella fuente y rompió y quebró el mismo caño, y con el azolvo lo cubrió todo, de manera que atajó el agua y dejó en seco la huerta, y con la basura que todo el año echan en el arroyo se cegó todo y no quedó señal de los caños."
 
"Los frailes, aunque hicieron las diligencias que pudieron, no hallaron rastro alguno, y para seguir el de los caños desde la fuente era menester derribar mucho edificio y ahondar mucha tierra, porque la fuente estaba en alto; ni hallaron indio que les supiese guiar, por lo cual desconfiaron de aquella fuente, también como de las otras que la casa tenía."


 
"Volviendo a la fuente, digo que al cabo de los seis o siete meses que estuvo perdida, unos muchachuelos indios, andando jugando por el arroyo, vieron el manantial del agua que salía por el caño quebrado y azolvado. Con la novedad del agua se llamaron unos a otros hasta que llegó la nueva a los indios mayores, y de ellos a los españoles, los cuales, sospechando que era el agua que se había perdido al convento, porque era cerca de él, descubrieron el viaje de los caños, y, viendo que iban hacia la casa, se certificaron en la sospecha y dieron aviso a los religiosos. Ellos aderezaron los caños con gran regocijo, aunque no con la policía que antes tenían, y restituyeron el agua a su huerta sin más procurar saber de dónde venía ni por do pasaba; verdad es que había mucha tierra encima porque los caños venían muy hondos."(Garcilaso)
 
 
Aquella huerta que sirvió, o sirve, no sé si aún serve, al convento de dar hortaliza, en tiempo de los Incas era un jardín de oro y plata, como lo que había en la casa del Inca. Lleno de yerbas y flores de todas suertes, plantas menores, árboles mayores, animales chicos y grandes, bravos y domésticos, también de los que van arrastrando, como culebras, lagartos, lagartijas, caracoles y de los que vuelan como mariposas y pájaros y otras aves mayores del aire, cada cosa puesta en el lugar que más al propio contrahiciese a la natural que imitaba.
Había un gran maizal, la quinua, legumbres y árboles frutales, con sus frutas todas de oro y plata, contrahecho al natural. Había también en la casa rimeros de leña contrahecha de oro y plata grandes figuras de hombres, mujeres y niños, vaciados de oro y plata, y muchos graneros, todo para ornato y mayor majestad de la casa de Dios el Sol.
Como cada año, a todas las fiestas principales que le hacían le presentaban tanta plata y oro, lo empleaban todo en adornar su casa inventando cada día nuevas grandezas. Los plateros dedicados para el servicio del Sol no entendían en otra cosa sino hacer y contrahacer las cosas dichas, entonces hacían infinita vajilla, que el templo tenía para su servido hasta ollas, cántaros, tinajas y tinajones. No había en aquella casa cosa alguna para cualquier ministerio que todo no fuese de oro y plata, hasta lo que servía de azadas y azadillas para limpiar los jardines. De donde con mucha razón y propiedad llamaron al templo del Sol y a toda la casa Coricancha, que quiere decir barrio de oro.
 

(1) (UNA BROMA) Cuando los españoles entraron en el Cuzco, es fama que en el reparto del botín tocó al conquistador Mancio Sierra de Leguízamo la lámina de oro de larotonda exterior del Coricancha, que lo perdió a poco tras un juego de dados, aunque no falta quien pone en duda la veracidad de esta tradición. (Garcilaso)

En cuanto al ídolo de oro del interior del santuario, no se halló, sin duda porque los indios lo escondieron. En efecto, años después, cuando se capturó a Túpac Amaru I, el último de los incas de Vilcabamba, se encontró en su refugio dicho ídolo o Punchau, que seguramente había sido trasladado allí por el inca rebelde Manco II. Este grupo de momias debió ser enviado a Lima, donde se perdió su paradero. Modernamente, Teodoro Hampe trató de identificar el paradero de lo que se supone podrían ser sus remanentes. (2) "Viniendo, pues, a la traza del templo, es de saber que el aposento del Sol era lo que ahora es la iglesia del divino Santo Domingo, que por no tener la precisa anchura y largura suya no la pongo aquí; la pieza, en cuanto su tamaño, vive hoy. Es labrada de cantería llana, muy prima y pulida." (Garcilaso)
(?) Seguramente debe haber una explicación mejor para el techo, hecho de esa manera - una pregunta que tal vez nunca podrá ser contestada.


(3) Garcilaso dice... "Estos cuerpos escondieron los indios con el demás tesoro, que los más de ellos no han parecido hasta hoy. El año de 1559 el Licenciado Polo descubrió cinco de ellos, tres de Reyes y dos de Reinas." Para mí este es el más abominable que yo puedo reportar en mi blog.

(4) Las Siete Cabrillas es un sinónimo de las Pléyades, el conjunto de estrellas en la constelación de Taurus que también se conoce como las Siete Hermanas.
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(5) "Diciendo ¿viste laillapa? entendían por el relámpago; si decían ¿oíste laillapa?, entendían por el trueno; y cuando decían laillapa cayó en tal parte, o hizo tal daño, entendían por el rayo." (Garcilaso)

(6) "...y, con tenerle en esta veneración, cuando le veían en el aire cerraban la boca y ponían la mano adelante, porque decían que si le descubrían los dientes los gastaba y empobrecía. Esta simplicidad tenían, entre otras, sin dar razón para ello." (Garcilaso) (7) "..la otra es la que en mi tiempo llamaban la calle de la Cárcel, porque estaba en ella la cárcel de los españoles, que según me han dicho la han mudado ya a otra parte; ...Pero la calle más principal y la que va más derecha hasta la puerta del templo es la que llamamos de la Cárcel, que sale de en medio de la plaza, por la cual iban y venían al templo a adorar al Sol y a llevarle sus embajadas, ofrendas y sacrificios, y era calle del Sol. Otra calle hay más al levante de estas tres, que lleva el mismo viaje, que llaman ahora la de San Agustín."(Garcilaso)
(8) A semejanza de este templo de la ciudad del Cozco eran los demás que había en muchas provincias, de muchos de los cuales y de las casas de las vírgenes escogidas hace mención Pedro de Cieza de León en la demarcación que hizo de aquella tierra, que, como la va pintando casi provincia por provincia, pudo decir dónde las hubo, aunque no dice todas las casas y templos que había, sino los que se le ofrecieron en los caminos reales que dibujó y pintó, dejando en olvido los que aquí en las provincias grandes, que hay a una mano y a otra de los caminos.
En el ornato de los cuales se esforzaba cada curaca conforme a la riqueza de oro y plata que en su tierra había, procurando cada cual hacer todo lo que podía, así por honrar y servir a su Dios como por lisonjear a sus Reyes, que se preciaban ser hijos del Sol. Por lo cual todos aquellos templos de las provincias también estaban chapados de oro y plata, que competían con el del Cozco.
Los parientes más cercanos de los curacas eran los sacerdotes de los templos del Sol. El Sumo Sacerdote, como obispo de cada provincia, era Inca de la sangre real, por que los sacrificios que al Sol se hacían fuesen conforme a los ritos y ceremonias del Cozco y no conforme a las supersticiones que en algunas provincias había. (Garcilaso)



BIBLIOGRAFIA


Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales.


y también:


José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias.
Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo.